¿Es el populismo o la fragmentación?

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¿Es el populismo o la fragmentación?

Bitácora de

PASCAL BELTRÁN DEL RÍO

20 de Marzo de 2017

El viernes pasado, la revista estadunidense The Atlantic se preguntó si la ola de populismo que recorre el mundo es resultado del rechazo del electorado a los políticos tradicionales o, más bien, de la fragmentación política.

El autor del texto, Uri Friedman, encontró que en varios países donde ha habido un ascenso del populismo ha existido también una pérdida de fuerza de los partidos hasta hace poco hegemónicos, lo que ha dado como resultado una balcanización del escenario electoral. El alegato de Friedman es que no se pueden sacar conclusiones sobre el peso del populismo si no se toma en cuenta que sus victorias y sus derrotas han sido producto de apenas un puñado de votos.

No parece insensato el argumento: la atomización del electorado y la polarización de la política son, sin duda, dos explicaciones detrás de las victorias recientes de personajes que tienen en común que rechazan la política tradicional.

La decisión de abandonar la Unión Europea fue tomada por 51.9% de los votantes británicos, contra 48.1% que votó en contra. Fue, además, resultado de la polarización de los países que forman el Reino Unido: Inglaterra y Gales, a favor; Escocia e Irlanda del Norte, en contra. También, de los entornos poblacionales: los centros urbanos, en contra; las áreas rurales, a favor. Y de los grupos de edad: jóvenes, en contra; viejos, a favor.

Es decir, el rechazo al statu quo no es uniforme, por más que las voces que se expresan en ese sentido logran hacerse escuchar más que las otras.

La fragmentación del electorado y la polarización de la política también han tenido un efecto sobre la estabilidad de los gobiernos. En regímenes parlamentarios como España, Bélgica y Grecia, las fuerzas políticas han batallado para formar gobierno y sus desacuerdos han llevado a que se tengan que repetir elecciones.

En regímenes presidencialistas, la toma de decisiones se ha topado con una muralla de críticas, como ocurre actualmente en Estados Unidos, donde se eligió a Donald Trump gracias al voto de apenas 80 mil personas en tres estados del país.

Entonces, quizá el problema no es el populismo, sino la ruptura de los consensos sociales.

Veamos qué está pasando electoralmente en México: entre 2009 y 2015, los tres principales partidos políticos —PRI, PAN y PRD— pasaron de concentrar 81.36% de los votos a 64.08%. Es decir, un descenso de 17 puntos en seis años.

Algunos pensarán que esto se debe a que Andrés Manuel López Obrador se separó del PRD para formar su propio partido político. Sin duda, ésa es una de las razones, pero no la única.

Entre las elecciones federales intermedias de 2009 y las de 2015, el número de votantes creció de 32.7 millones a 34.7 millones. Menos que el listado nominal de electores, pues éste pasó de 77.4 millones a 77.9 millones en los mismos seis años.

A pesar de que dos millones de personas más fueron a las urnas entre unos comicios y otros, los tres principales partidos perdieron votos, pero mientras el PRD dejó escapar 250 mil sufragios (una caída de menos de 6% en su votación), el PRI y el PAN perdieron dos millones cada uno (16% negativo para el PRI y 21% negativo para el PAN). En la votación para diputados en 2015, Morena tuvo su primera participación electoral. Cosechó poco más de tres millones de votos. Algunos pudieron provenir de electores de izquierda decepcionados del PRD, pero evidentemente no todos.

Lo que resulta obvio es que los partidos tradicionales en México —especialmente el PRI y el PAN— han perdido representación. Y no parece que vayan a recuperarla pronto. Lo más seguro es que estemos ante un proceso irreversible.

La fragmentación se nota también en la fuerza que han adquirido los partidos minoritarios. No sólo avanzaron juntos en 17 puntos porcentuales, sino que tres de ellos lograron más de 5% de los votos en 2015.

Para comparar, en la elección federal intermedia de 1991, la cuarta fuerza no llegó a ese porcentaje.Sin duda, Morena se hizo notar al irrumpir en los comicios con 8% de los votos, pero tampoco debe pasarse por alto el avance de Movimiento Ciudadano, que alcanzó casi 6% hace dos años.

La fragmentación, además de la polarización, es un signo de las elecciones en México.

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