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La batalla por la percepción

Fuentes fidedignas. Por Isaias Alvarez

Hay una señal que suele repetirse en política cuando alguien comienza a convertirse en un actor relevante: dejan de criticar lo que hace y empiezan a inventar lo que supuestamente hizo. Algo parecido parece estar ocurriendo con Humberto Prieto Herrera.

Desde hace semanas circulan versiones de toda clase. Que si hay divisiones internas, que si existe una rebelión en el grupo parlamentario, que si los acuerdos se rompieron, que si el liderazgo se desgasta. La historia cambia dependiendo de quién la cuente, pero el guion siempre es el mismo: construir la percepción de que algo se está quebrando dentro del Congreso.

El detalle es que las crisis políticas suelen dejar huellas. Los rompimientos producen votos divididos, declaraciones encontradas, grupos enfrentados, renuncias, bloqueos o cuando menos señales visibles de confrontación. Hasta ahora, nada de eso ha ocurrido.

Lo que sí existe es un Congreso que cerró su primer año legislativo colocado entre los más productivos del país y que mantiene un ritmo de trabajo que incluso sus adversarios difícilmente pueden negar. Las iniciativas, las sesiones, las comisiones y los indicadores están ahí. Gusten o no, son públicos.

Por eso llamó la atención la respuesta que dio el propio Prieto, no porque haya salido a confrontar a nadie. En realidad, hizo algo más simple, solo preguntó dónde estaban las pruebas, y es una pregunta completamente válida.

Porque una acusación sin evidencia puede convertirse en tema de conversación, pero difícilmente se convierte en verdad. En política existe una industria completa dedicada a fabricar percepciones. Opera desde páginas anónimas, perfiles sin nombre, cadenas de WhatsApp y espacios donde nunca aparece un responsable dispuesto a sostener lo que publica. El objetivo casi nunca es demostrar algo; basta con sembrar la duda.

Lo interesante es que esta narrativa aparece justo cuando comienzan a acelerarse los cálculos políticos rumbo a los próximos años. Todavía falta tiempo para los procesos electorales, pero los movimientos ya comenzaron. Algunos construyen estructura, otros construyen posicionamiento, algunos recorren territorio, otros prefieren fabricar desgaste. Pero nadie invierte tanto esfuerzo en atacar a un actor político si considera que es irrelevante.

Quizá por eso la frase más importante de todo este episodio no salió del Congreso, sino del gobernador Américo Villarreal Anaya cuando afirmó que la verdad no se construye a base de mentiras. La expresión puede parecer sencilla, pero resume perfectamente lo que está ocurriendo. En una época donde cualquiera puede publicar cualquier cosa, la diferencia sigue estando en quién puede demostrarla.

Las diferencias dentro de un movimiento político existen y existirán siempre. Pensar lo contrario sería desconocer la naturaleza misma de la política. Lo que resulta más difícil sostener es la teoría de una ruptura permanente cuando los hechos muestran exactamente lo contrario.

Al final, los rumores tienen una enorme ventaja: nacen rápido. El problema para quienes los impulsan es que también envejecen rápido cuando la realidad no los acompaña. Y mientras unos siguen ocupados construyendo historias, otros siguen acumulando algo mucho más difícil de fabricar: resultados.

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