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El invierno del Emperador

La muerte política de quien engañó defraudó y despojó de sus esperanzas a los tamaulipecos

¿Cómo es que al primer político elegido que los electores tamaulipecos eligieron con abrumadora mayoría, aquel que logró capitalizar el rencor, el resentimiento, el hartazgo de la sociedad contra el PRI ahora siente como cae el invierno sobre el sin piedad ni clemencia?

Por: Mauricio Fernández Dìaz

El invierno le llego, digamos un poco antes de lo que se esperaba.

Si bien tuvo su gloriosa primavera y su cálido verano, el otoño simplemente se le desapareció y su tiempo de hojas envejeciendo en las ramas de los árboles, las primeras ventiscas y nublados cielos, los dias más cortos y menos luminosos se esfumaron, siendo sustituido de manera abrupta por el invierno.

Si bien se relaciona al otoño con la vejez, el invierno es metafóricamente la muerte, la desolación, el olvido, la pérdida de facultades, la decadencia postrera y definitiva del poder.

¿Cómo es que al primer político elegido que los electores tamaulipecos eligieron con abrumadora mayoría, aquel que logró capitalizar el rencor, el resentimiento, el hartazgo de la sociedad contra el PRI ahora siente como cae el invierno sobre el sin piedad ni clemencia?

Si bien cuatro años de gobierno son desgastantes, la mayoría de los gobernantes los libran sin mayor problema.

No está pasando así con el actual gobernador panista de Tamaulipas

El caso de Francisco Garcia Cabeza de Vaca es inédito por varias razones. La principal es que fue el primer Gobernador que no emanó de las filas priistas, pasando a la historia como quien rompió la hegemonía que durante mas de 80 años venía sosteniendo este partido en un Tamaulipas que no había conocido la alternancia en la gubernatura.

A Cabeza de Vaca hay que reconocerle que supo aprovechar la larga noche de los gobiernos priistas de Tomàs Yarrington, Eugenio Hernández y Egidio Torre, sin dejar fuera al patriarca del clan, Cavazos Lerma.

La noche sangrienta duró 24 años, mismos en los que los tamaulipecos sufrimos de todo; Desapariciones, secuestros, descuartizados, cobros de piso, toma del poder por el Crimen Organizado a través de políticos asociados con ellos, desempleo, abandono de la sociedad civil, saqueos y una larga lista de agravios, tan larga como pueden ser 24 años.

La aparición en el escenario político de un hombre que criticaba toda la inmundicia, toda la podredumbre de los priistas y prometía el cambio que todos anhelábamos, nos hizo ver el espejismo de un Tamaulipas sin corrupción, con seguridad, con atención a los más vulnerables; un Tamaulipas al que sacudieran con fuerza los “Vientos de Cambio” que pregonaba el candidato,

No fue difícil ilusionar, engañar, prometer, levantar falsas esperanzas e ilusiones en un pueblo ávido de creerle.

Logrò aglutinar y catalizar el descontento, llegando a la Gubernatura con una votación que rebasó los 260 mil votos; Sin duda un Gobernador legitimado ampliamente por el pueblo, con todo lo que eso significaba.

Encendió la llama de la esperanza y la ilusión en un pueblo hambriento de justicia legal, social y democracia

En política existe una Praxis que todos conocen. “A mayor expectativa y esperanza que levante el candidato, mayor simpatía a favor; A menor cumplimiento de sus promesas, aplica lo mismo, pero a la inversa; La caída de su popularidad será rápida y en picada”

A pesar de que el primer año no cumpliò el ya gobernador las promesas hechas en campaña, la sociedad le dio todavía año y medio de gracia. Lo defendían con el argumento de que 80 años no se arreglaban en dos años y que no traía varita mágica.

Al paso del tiempo y sin que se vieran resultados en ningún rubro -más bien hubo atrasos y recrudecimiento de problemas como inseguridad, corrupción, alejamiento del gobierno para con la sociedad, ausencia de obras, desvíos de dineros, despotismo, autoritarismo y soberbia- sus defensores se convirtieron en detractores.

A 4 años de Gobierno, a Cabeza de Vaca le cayó el invierno; Es un político que camina al filo de la cárcel y sobre un resbaladizo piso cubierto de sangre y corrupción.

El saldo que tiene es en contra: Descrédito total, gran irritación social, ira y frustración; En una palabra, deseos de venganza, de cobrarle la gran estafa que le hizo a los que por el votaron.

Como el Emperador, creyó que su poder duraría para siempre y sus súbditos siempre serían eso, seres no pensantes que aceptaran sin chistar lo que el hiciera y dijera.

Hoy, la realidad le revienta en la cara; Sin pueblo que lo respalde, con un PAN agonizante, con investigaciones en curso por boquetes millonarios en Salud, seguridad y otros rubros, el Emperador aun no se convence que su muerte política llegó ya, y solo es cuestión de sentarse a esperar a ver pasar su ataúd frente a los tamaulipecos que en el creyeron

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