Columnas

LA INMORAL NOSTALGIA

COLUMNAS: POLVO DEL CAMINO

 / 01 DE JUNIO, 2020 / MAX ÁVILA

“Desean que las grandes empresas, sobre todo las trasnacionales, sigan explotando los recursos naturales y apropiándose del suelo patrio, sin medida que limite su voracidad”

La moda es protestar en coche. Este fin de semana algunos (as), lo hicieron contra AMLO, desde la comodidad de su vehículo. Piden que se vaya, como si fuera tan fácil desechar los 30 millones que votaron por un gobierno popular y democrático.

No les gusta que la república se transforme a favor de las mayorías. Les incomoda la austeridad en el gobierno federal. Odian que los pobres tengan acceso a los programas de beneficio negado por décadas.

Los conservadores son racistas de origen.

Tampoco aceptan que los jóvenes sean becados para estudiar o trabajar donde mejor acomode su vocación.

Y menos que los viejos reciban ayuda para sobrellevar con honor, el último tramo de la existencia.

Rechazan asimismo, el derecho universal a la salud, y a la educación verdaderamente gratuita, laica y nacionalista.

Desean que las grandes empresas, sobre todo las trasnacionales, sigan explotando los recursos naturales y apropiándose del suelo patrio, sin medida que limite su voracidad.

Y además que no paguen impuestos.

Añoran a los políticos cuya corrupción no tiene paralelo ni con el saqueo de los gachupines durante los 300 años de invasión y masacres…cándidamente suponían el reinado del PRI y el PAN para siempre.

Es decir, el imperio de cultura inmoral, por sobre todo principio que dignifique al ser humano.

Les molesta que Los Pinos, ese bunker de la ignominia, sea ahora patrimonio de todos y en ese carácter, el disfrute pleno de lo que antes fue reducto de sucios acuerdos y humillantes sometimientos, como cuando Carlos Salinas propuso a selecto grupo de priistas, la candidatura de Zedillo, en sustitución de Luis Donaldo Colosio.

“Nos adivinó el pensamiento, señor presidente”, dijo entonces Fidel Velázquez…y el resto de los presentes sonrió y aplaudió.

Una de tantas caricaturas de la vieja política mexicana.

Estos que protestan contra la transformación republicana, también están inconformes por el rescate de las industrias petrolera y eléctrica; al igual que por la realización de obras bajo objetivos de desarrollo regional.
Se oponen a cualquier proyecto que signifique avance social y económico de las mayorías. Quieren que los pobres permanezcan con la bota sobre el cuello, como en los tiempos de don Porfirio.

Son los que van a misa para reciclar cada semana sus pecados, colocando en ceros el velocímetro de la simulación y la hipocresía. Es la doble moral en acción.

Y en las circunstancias actuales, apuestan al caos, la violencia y el odio para destruir a México y a su historia.

Suspiran porque sucediera lo que en otras partes, donde interviene el imperialismo y la traición para derrocar gobiernos…solo que aquí es diferente, porque aquí manda el pueblo, y no es retórica, al margen de que la política de buena vecindad se practica en estricto respeto y soberanía.

Aquí no se nacionalizan empresas, por el contrario, tienen vía libre para sus negocios, solo se les exhorta a cumplir con la ley.

En síntesis, quienes protestan, son los conservadores de siempre, que están contra México, y los mexicanos que confían en el cambio.

Son ingenuos estos reaccionarios digo, porque solo algunos fanáticos creerán posible la caída de un gobierno popular con profundas raíces en tradición y valores sociales, familiares y humanos. Y a lo mucho que llegan, es a la pretensión de irritar donde domina la esperanza en el porvenir y la confianza en el presente.

Son los mismos que odian a Hidalgo, Juárez, Zapata y al “tata” Lázaro Cárdenas. Y a todos los que no comparten sus complejos clasistas.
Se ve que su concepto de democracia es muy corto, tanto que no esperan revocar el mandato por vía electoral en el 2022…Saben que de nueva cuenta serán derrotados y optan por el ridículo.

Es bueno que salgan, así sea solo para hacer ruido. No pueden aspirar a otra cosa, cuando no existen condiciones para desestabilizar la república.
No hay ningún plan porque la protesta no es seria, sino concebida bajo criterio personalista, originado en el pasado de corrupción y saqueo.

En la nostalgia de la bajeza moral.

Nota.- en lugar de bajeza, quise escribir “inmundicia”, pero me apena que pudiera ser comentario en la primera misa de “la nueva normalidad”…ya ve que los chismes en la iglesia fácil, se convierten en satanismo premeditado.

Quisieran retornar entonces, a los tiempos de Salinas de Gortari, Fox, Calderón o Enrique Peña Nieto. El escenario perfecto de corrupción.

Añoran el cuento de hadas producido en Televisa y actuado por la pareja ideal. La que acompañada de aduladores profesionales, paseó por el mundo, trepada en la nave de las ilusiones…la de 7 mil 500 millones de pesos que fuera parte del montaje de nación “desarrollada”, que quiso mostrar allende las fronteras, un paraíso que por irreal, solo causó lástima..

La cándida historia de una heroína que transita en medio de sentimientos encontrados, con el final soñado por cualquier empleadita doméstica; y el moderno “seductor de la patria”, (calificativo arrebatado por EPN a Antonio López de Santa Anna).

Gavilán o paloma, pues.

Para fortuna, esos que quieren violentar al país, “son pocos y mal armaos”, como dice la sabiduría pueblerina.

ECHEVERRIA…LA VIDA COBRA
Por otra parte, la naturaleza ha querido que Luis Echeverría Álvarez permanezca en este mundo para que abone algo a sus culpas.

A sus 98 años, el ex presidente está virtualmente abandonado, en un obscuro rincón de su casona de san Jerónimo, debiendo ser auxiliado las 24 horas del día. Ni siquiera es capaz de asearse la boca.

De sus ocho hijos sobreviven cinco. El último en morir fue Álvaro, a quien localizaron el pasado 19 de mayo en exclusivo fraccionamiento de Cuernavaca, al parecer suicidado, pues dejó una carta como evidencia.

El ex presidente vive casi en la indigencia, apenas apoyado por una enfermera, después de que hasta el 31 de diciembre del 2018 contó con 17 empleados pagados por la presidencia de la república, mismos que fueron retirados tras el arribo del nuevo régimen.

Él mismo dejó de recibir su pensión como ex ejecutivo federal, así como el dinero proveniente de la empresa familiar inmobiliaria, manejada por su hija María Esther. Solo sobrevive con los 22 mil pesos a que tiene derecho en el ISSSTE como jubilado.

Don Luis es “un apestado” en su propia casa, humillado por sus hijos, especialmente por María Esther y Benito, según evidencia publicada en el número 2209 de la revista Proceso.

Y es que pareciera estorbar para acabar de vender la residencia de la que ya se han comercializado algunas de sus partes.

Echeverría ha vivido 98 años, digo, para sufrir la condena popular. No es un secreto su participación en los sangrientos hechos del 2 de octubre en Tlatelolco, desbordados por la ambición política y el autoritarismo que los originó.

Tampoco fue ajeno a la represión estudiantil del 10 de junio de 1971. El tristemente célebre “halconazo”, que costó el cargo al regente Alfonso Martínez Domínguez y cuyas víctimas no pudieron ser contabilizadas.

Por ambos acontecimientos LEA fue acusado de genocidio, recibiendo dos órdenes de aprehensión, aunque debió permanecer en prisión domiciliaria hasta que fue absuelto, durante el régimen de Ernesto Zedillo.

Y gracias a documentos desclasificados, es de conocimiento público que sirvió a la CIA desde los distintos cargos que ocupó, siendo identificado por la clave Litempo-8.

Y no olvidemos el “golpe de estado” contra Excélsior en 1976, ya cuando agonizaba su mandato. Hecho que mancilló la libertad de expresión y avergonzó ante el mundo, al régimen de entonces.

Esta clase de fichitas fueron las que el PRI aportó al sistema autoritario que México padeció, hasta la elección de Andrés Manuel López Obrador.
Y hasta la próxima.

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