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El ultimo intento de la mamá gallina

Fuentes fidedignas. Por Isaias Alvarez.

La senadora del Partido Verde, Maki Ortiz votó junto con la mayoría la reforma impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum para exigir nacionalidad mexicana única a quienes aspiren a la Presidencia de la República, una gubernatura o la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Hasta ahí todo bien, disciplina política y acompañamiento al proyecto presidencial.

Pero antes de dejar pasar completa la reforma, Maki intentó meterle una pequeña puerta lateral en un intento muy probablemente por rescatar a su hijito.

Presentó una reserva para que quedaran exceptuadas las personas que poseen doble nacionalidad desde el nacimiento. Es decir, buscó que quienes nacieron con dos nacionalidades no estuvieran obligados a renunciar a una de ellas para aspirar a esos cargos. El Pleno obviamente rechazó su propuesta.

Maki llevaba días argumentando que la reforma podía afectar derechos de mexicanos de la frontera y de quienes nacieron o crecieron con dos nacionalidades. Esa fue su explicación pública y es perfectamente identificable en sus declaraciones. Astuta como ella misma, se reservó la confrontación y prefirió dar el raspón de ladito, aunque fracasando.

Pero en Tamaulipas cualquier movimiento de Maki Ortiz inevitablemente se lee también en clave familiar. Su hijo, Carlos Peña Ortiz, no solamente es alcalde de Reynosa: desde hace años forma parte central del proyecto político construido alrededor de la exalcaldesa. Incluso han tenido el atrevimiento de promoverlo para la gubernatura.

Maki ha defendido públicamente a Carlos en distintos momentos de su trayectoria y respaldó abiertamente su candidatura a la presidencia municipal desde 2021. Ella misma dijo entonces que, como madre, tenía su apoyo. Por eso resulta difícil que una reserva de este tamaño pase políticamente inadvertida.

No hay elementos públicos suficientes para afirmar que la reserva que presentó la senadora haya sido diseñada específicamente para beneficiar al polluelo de 400 meses. Pero la coincidencia es lo bastante evidente para alimentar la pregunta: ¿Maki estaba defendiendo a los hermanos paisanos que viven en United States y en México o también estaba tratando de dejar abierto un camino que mañana pudiera resultarle útil a su propio grupo?

Porque tampoco votó contra la reforma, y ahí estuvo la maniobra fina. Oponerse frontalmente habría significado colocarse contra una iniciativa de Claudia Sheinbaum y cargar después con ese voto cada vez que llegara una negociación política o una candidatura. Maki hizo algo menos costoso: acompañó la reforma en lo general, pero intentó modificar justamente la parte que podía abrir una excepción.

No rompió con la mayoría, pero tampoco dejó de tocar la puerta. La reserva terminó derrotada y el dictamen siguió su camino hacia los congresos locales. Pero dejó algo claro: cuando aparece una reforma capaz de modificar las reglas para futuras candidaturas, Maki Ortiz no suele quedarse mirando desde su escaño, actúa, aunque sigilosamente pensando que nadie se dará cuenta.

La reserva murió en el Pleno, pero la intención política quedó a la vista: apoyar sin confrontar y, al mismo tiempo, intentar dejar una excepción servida. La maniobra no prosperó. Esta vez, la mamá gallina cacareó bajito, pero ni así logró abrirle la puerta del corral al polluelo de 400 meses ¿Qué opinará la Presidenta?

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