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Una década no les basta

Fuentes fidedignas. Por Isaias Alvarez

La Asamblea por la Defensa y la Soberanía celebrada este domingo en Reynosa tenía un propósito bastante sencillo de entender: cerrar filas en torno a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y enviar un mensaje de respaldo político desde Tamaulipas, pero en algún momento los Makitos, fieles a la marrullería que los caracteriza, parecieron confundir la soberanía nacional con la sucesión municipal.

Desde antes de comenzar el evento apareció gente repartiendo gorras guindas con la frase “Ya te la Chávez”, además de pancartas y pendones colocados incluso en la zona frontal del escenario, como si aquello no fuera una asamblea convocada por Morena, sino el ensayo general de una candidatura que todavía ni existe.

El pequeño detalle refleja la desesperación por posicionar a un personaje que, antes de demostrar que puede gobernar una ciudad, ya parece preocupado por encontrar la manera de aparecer en la boleta. Ahí comienza el problema: ¿cómo confiar políticamente en alguien que todavía no es más que un funcionario municipal y ya necesita recurrir a trampas y agandalles para intentar ganar terreno?

Antonio Chávez todavía no tiene una candidatura, no existe una campaña formal y ni siquiera sabemos si Morena terminará considerándolo para la alcaldía, pero alrededor de su figura ya existe propaganda, eslogan y una operación emanada del Ayuntamiento de Reynosa para ocupar espacios ajenos. Bien dice el viejo principio que quien obra mal en lo poco difícilmente actuará distinto cuando tenga lo mucho.

Si para conseguir notoriedad necesita colarse en un evento convocado alrededor de Claudia Sheinbaum, no me quiero imaginar qué estaría dispuesto a hacer si algún día tuviera en las manos el presupuesto, la estructura política y el poder completo de Reynosa. Lo ocurrido adquiere todavía mayor dimensión cuando se observa de dónde viene Antonio Chávez y a qué grupo político pertenece.

Chávez no apareció espontáneamente en la política municipal ni representa, hasta ahora, una corriente independiente, es un funcionario formado y promovido dentro del aparato que encabezan Carlos Peña Ortiz y su mamá. En pocas palabras, es un peón —muy cercano— de los Peña Ortiz en un tablero donde ya empieza a moverse la sucesión de 2027.

Y ahí está la parte verdaderamente obscena del asunto: después de más de una década controlando políticamente Reynosa, ¿todavía pretenden dejar un heredero que les permita conservar el poder hasta 2030? Maki Ortiz llegó a la presidencia municipal en 2016, Carlos Peña Ortiz recibió posteriormente la estafeta y actualmente gobierna su segundo periodo.

Si Antonio Chávez terminara convertido en candidato y eventualmente alcalde, estaríamos hablando de una continuidad de catorce años alrededor del mismo grupo. La política en Reynosa comienza a parecer menos servicio público y más patrimonio familiar, y eso sin contar que la vida pública de Maki Ortiz comenzó mucho antes de llegar a la alcaldía.

Ha ocupado cargos municipales, legislativos y federales desde hace años, incluyendo una subsecretaría durante el sexenio de Felipe Calderón, posteriormente el Senado, la presidencia municipal y nuevamente una senaduría. Carlos Peña Ortiz también construyó su carrera alrededor del poder público y ahora aparece Antonio Chávez como posible siguiente ficha.

No estamos hablando precisamente de una familia recién llegada a la política que apenas busca una oportunidad para servir, estamos hablando de décadas alrededor del erario y de un grupo que, lejos de mostrar señales de querer cerrar un ciclo, parece cada vez más hambriento por extenderlo. Hay políticos que después de años de ocupar cargos entienden que llegó el momento de retirarse o permitir nuevas generaciones.

Otros parecen convencidos de que el presupuesto público es una especie de renta vitalicia. Diez años de Reynosa no parecen suficientes, los Makitos quieren más y, si pueden dejar a un colaborador cuidando la plaza hasta 2030, mejor todavía. Pero quizá la escena que mejor describe el tamaño del exceso no fueron siquiera las gorras.

Fue que los propios organizadores de Morena tuvieron que intervenir para pedir que retiraran propaganda y dejaran de repartir artículos con referencias personales a Chávez. Hay que hacer las cosas groseramente mal para conseguir que tus propios compañeros de partido, en tu propio evento partidista y rodeado de militantes del mismo movimiento, terminen llamándote la atención porque estás intentando utilizar la convocatoria para promocionarte.

No estamos frente a una conspiración de adversarios políticos ni frente a una crítica fabricada por la oposición, fueron integrantes del mismo movimiento quienes entendieron que aquello ya era demasiado descaro. La reunión era en respaldo de Claudia Sheinbaum y la soberanía nacional, no una pasarela para ver quién consigue adelantarse rumbo a la alcaldía de Reynosa. Hasta en Morena entendieron el mensaje.

Después, por supuesto, vino la entrevista con los medios y Antonio Chávez recurrió a una de las frases predilectas de cualquier político sorprendido mirando hacia el siguiente cargo: aseguró estar concentrado en su trabajo, nada más falta que el trabajo se note. Porque mientras el secretario dice que su preocupación son los Servicios Públicos Primarios, alguien compra gorras y alguien manda imprimir “Ya te la Chávez”.

Alguien organiza personas, alguien consigue pancartas, alguien las coloca frente al escenario y alguien decide que ese material debe repartirse precisamente durante una asamblea de Morena. Si todo eso ocurrió completamente a espaldas del funcionario, Antonio Chávez debería valorar muchísimo a sus simpatizantes: tiene unos achichincles tan entusiastas que son capaces de organizarle una operación de posicionamiento sin siquiera avisarle y, muy seguramente, con recursos propios.

Al final, las gorras son lo de menos, lo verdaderamente revelador es la prisa: faltan todavía meses para que Morena defina candidaturas y los Makitos ya parecen ocupados en fabricar al siguiente heredero de Reynosa, como si después de Maki y Carlos la ciudad tuviera que seguir obligatoriamente en manos de alguien de su confianza.

Antonio Chávez puede decir que está concentrado en trabajar —que no se nota—, pero sus operadores parecen bastante más concentrados en hacerlo candidato. Podrán mandar hacer todas las gorras que quieran y repetir hasta el cansancio “Ya te la Chávez”, pero ninguna campaña de utilería tramposa convierte a un funcionario en heredero ni a Reynosa en patrimonio político de los Peña Ortiz.

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