¿Dónde quedó el agua de Reynosa? Segunda Parte

Especial. Por Isaias Alvarez
Los registros de la CILA muestran que la presa Falcón tenía agua almacenada y que el río Bravo mantuvo caudal durante los días del desabasto. La descarga para México sí aumentó, pero las cifras no prueban que CONAGUA hubiera incumplido ni explican por qué solamente Reynosa terminó dependiendo de pipas.
Registros de la CILA contradicen la versión del Alcalde de Reynosa
Ciudad Victoria, Tamaulipas.– Los datos oficiales desarman la versión de una crisis provocada por la ausencia de agua: la presa Falcón conservaba cientos de millones de metros cúbicos y el río Bravo mantuvo caudal durante todo el desabasto, incluso hacia ciudades ubicadas aguas abajo de Reynosa.
De acuerdo con los reportes diarios de la Comisión Internacional de Límites y Aguas de Estados Unidos, el 7 de julio —tres días antes del reclamo público de Carlos Peña Ortiz— la presa Falcón almacenaba 630 millones de metros cúbicos, equivalentes al 19 por ciento de su capacidad normal. Para el 14 de julio todavía conservaba 606 millones de metros cúbicos, el 18 por ciento. El nivel era bajo, pero los registros oficiales no describen una presa vacía ni una ausencia total de agua disponible.
https://ibwcsftpstg.blob.core.windows.net/wad/DailyReports/flowprev.htm
Durante ese mismo periodo, la estación ubicada debajo de la presa Anzaldúas registró caudales de entre 25.80 y 29.95 metros cúbicos por segundo. Los medidores también reportaron flujo en San Benito y Brownsville, lo que confirma que el agua continuaba recorriendo la cuenca incluso después de pasar por Reynosa.
La liberación registrada específicamente para México sí cambió. Los días 7, 8 y 9 de julio permaneció en dos metros cúbicos por segundo. El 10 de julio aumentó a 22 metros cúbicos por segundo y, para el 13 y 14, se estabilizó en siete.
La secuencia coincide con la operación anunciada por COMAPA Reynosa: una descarga extraordinaria durante 48 horas y un flujo continuo posterior. Por tanto, Carlos Peña tiene razón en un punto concreto: después llegó un volumen mayor de agua.
Pero los registros no prueban que CONAGUA hubiera incumplido el programa anual de extracciones ni que los dos metros cúbicos por segundo fueran inferiores al volumen oficialmente acordado. Para sostener ese señalamiento, el Ayuntamiento tendría que publicar el programa de entregas, los volúmenes asignados a Reynosa y los documentos mediante los cuales se solicitó el incremento.
El horario de la maniobra también abre una pregunta. El reporte del 10 de julio registra la liberación de 22 metros cúbicos por segundo desde las 6:00 horas. La CILA señala que las mediciones se realizan entre las 7:00 y las 8:00 de la mañana y que el informe se actualiza alrededor de las 10:35, hora central. Eso obliga a precisar cuándo comenzaron las gestiones municipales y a qué hora el alcalde difundió el video en el que exigió que enviaran agua a Reynosa.
Si el mensaje público fue posterior a las seis de la mañana, la operación ya estaba solicitada antes del reclamo. También pudo existir una gestión previa del Ayuntamiento, pero hasta ahora no se han presentado oficios, comunicaciones institucionales o registros que permitan atribuir el cambio exclusivamente al presidente municipal.
Los datos tampoco sostienen la idea de una desaparición general del agua en el río Bravo. Río Bravo y Matamoros, ubicados aguas abajo, mantuvieron el abastecimiento y no enfrentaron una interrupción semejante en su fuente.
Sus organismos operadores tienen demandas, plantas, bocatomas y redes diferentes. Sin embargo, el hecho de que continuaran funcionando demuestra que la crisis no puede explicarse únicamente como una falta absoluta de agua en el cauce.
La diferencia debe buscarse también dentro del sistema de Reynosa: cuánto volumen llegó a la bocatoma, cuánto captó COMAPA, qué producción tuvieron sus plantas, qué reservas estaban disponibles, si hubo equipos fuera de operación y en qué punto se perdió la presión.
Reynosa tiene una demanda mayor que Río Bravo y Matamoros, pero esa condición era conocida desde hace años. Precisamente por ello, las administraciones municipales justificaron inversiones en agua potable, plantas, bombeo, drenaje, líneas de conducción y otras obras hidráulicas.
Durante el primer periodo de Maki Ortiz, el Ayuntamiento reportó casi 400 millones de pesos en agua potable y drenaje. Al concluir sus administraciones, aseguró que en cinco años se habían invertido más de 780 millones de pesos en infraestructura hidráulica y ejecutado 288 obras. En el primer trienio de Carlos Peña, el gobierno municipal reportó más de 1,221 millones de pesos en sistemas de agua y drenaje, además de más de 211 millones en infraestructura hidráulica.
Las cifras corresponden a distintos periodos, fondos y conceptos, por lo que no deben sumarse como si cada peso se hubiera destinado directamente a aumentar el suministro. Sí muestran, sin embargo, que durante casi una década la infraestructura hidráulica fue presentada como una prioridad de gobierno.
Esas inversiones no podían aumentar por sí mismas la descarga de la presa Falcón, pero debían fortalecer la capacidad de Reynosa para enfrentar una reducción temporal: reservas operativas, bombeo de respaldo, plantas suficientes, mejor sectorización, menor pérdida de agua y una red menos vulnerable.
Si tres días con una liberación de dos metros cúbicos por segundo fueron suficientes para dejar sin servicio a numerosas colonias, la explicación no termina en CONAGUA.
Carlos Peña puede demostrar que después llegó más agua. Lo que todavía no demuestra es por qué la COMAPA que él mismo encabeza no pudo sostener el suministro durante los días de menor descarga, mientras otros municipios aguas abajo continuaron operando.
Los registros oficiales no muestran un río sin agua. Muestran una reducción temporal en la entrega para México y una ciudad cuyo sistema no tuvo capacidad suficiente para resistirla.
Maki lleva la defensa de su hijo al Congreso
El 11 de julio, la senadora Maki Ortiz presentó junto con las diputadas federales Casandra de los Santos y Olga Juliana Elizondo una proposición con punto de acuerdo ante la Comisión Permanente del Congreso de la Unión para exhortar a CONAGUA a garantizar el restablecimiento oportuno, suficiente y seguro del suministro en Reynosa.
El documento, difundido en sus redes sociales después de que Carlos Peña responsabilizara a la autoridad federal, sostiene que la disminución del nivel del canal Guillermo Rodhe obedeció a condiciones regionales y no a una decisión atribuible al Ayuntamiento o al alcalde.

Sin embargo, su propia exposición de motivos documenta las vulnerabilidades que las dos administraciones de Maki Ortiz y las dos de Carlos Peña no consiguieron corregir.
El exhorto reconoce que Reynosa enfrenta una demanda anual de 91.25 millones de metros cúbicos frente a una dotación señalada de 48.4 millones. También admite que la ciudad depende aproximadamente en un 40 por ciento del canal Guillermo Rodhe y en un 60 por ciento del río Bravo.
Añade que cada año, cuando se suspenden los riegos agrícolas a partir de julio, disminuye la alimentación regular del canal y el déficit debe cubrirse mediante bombeo desde el río Bravo por la estación Anzaldúas-Rodhe.
La contingencia, por tanto, no era excepcional ni imprevisible. Era una condición estacional conocida por COMAPA y por los gobiernos municipales.
El documento precisa que el canal Guillermo Rodhe cuenta con dos obras de toma con capacidades aproximadas de 1,250 y 3 mil litros por segundo. Históricamente ha suministrado alrededor del 70 por ciento del agua enviada a la planta Benito Juárez y el 30 por ciento de la destinada a la planta Pastor Lozano.
Cuando disminuye su nivel, deben utilizarse equipos complementarios para rebombear agua mediante una tubería de 36 pulgadas. La defensa legislativa reconoce así que el sistema municipal continúa dependiendo de niveles específicos en el canal y que sus mecanismos de respaldo no pueden sustituir plenamente el abastecimiento regional.
La exposición recuerda además que en julio de 2025 se presentó una emergencia similar y que, en noviembre, más de 35 colonias se quedaron sin agua debido a una falla en las compuertas del canal Anzaldúas.
La crisis de 2026 no fue el primer aviso. Fue la repetición de un problema conocido.
Después de esos antecedentes, COMAPA tuvo tiempo para fortalecer las obras de toma, ampliar reservas, mejorar el bombeo y preparar un mecanismo de contingencia. El exhorto no informa qué medidas se adoptaron, cuánto costaron ni qué capacidad adicional produjeron.
La omisión cobra mayor peso frente a las inversiones anunciadas por las propias administraciones: casi 400 millones de pesos durante el primer periodo de Maki; más de 780 millones y 288 obras al término de sus gobiernos; y más de 1,221 millones en agua y drenaje, además de 211 millones en infraestructura hidráulica, durante la administración de Carlos Peña.
Pese a ello, el exhorto no precisa cuánto aumentó la capacidad de almacenamiento de Reynosa, cuántas horas de autonomía tiene COMAPA, qué equipos redundantes fueron instalados ni qué volumen puede captar cuando desciende el canal.
El documento pide a CONAGUA cumplir con sus responsabilidades, pero tampoco aporta los registros necesarios para deslindar al organismo municipal: cuánto volumen recibió, cuánto logró potabilizar, qué plantas redujeron operaciones y en qué punto dejó de distribuirse el recurso.
Maki Ortiz llevó al Congreso un documento para explicar por qué faltó agua. Técnicamente, terminó confirmando que el déficit era conocido, que las fallas ya se habían repetido y que, después de cuatro administraciones y cientos de millones de pesos anunciados, el sistema seguía sin capacidad suficiente para resistir una contingencia previsible.
La crisis hídrica movió al bloque político de Reynosa
El mismo día del exhorto, Antonio Chávez Herrera encabezó en Reynosa una convivencia con más de cien periodistas y creadores de contenido, acompañado por una parte importante del gabinete municipal.

La coincidencia no demuestra por sí sola una estrategia coordinada, pero sí exhibe dos movimientos paralelos. En el Congreso, Maki Ortiz presentó la defensa del gobierno municipal junto con Casandra de los Santos y Olga Juliana Elizondo, diputadas federales vinculadas al mismo bloque político. Ambas se colocaron en contra de la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, en línea con la resistencia del Partido Verde y del Partido del Trabajo a una de las principales propuestas presidenciales.
El contraste es político: las legisladoras se distanciaron de la agenda de la Presidencia, pero cerraron filas con Maki Ortiz cuando el objetivo fue respaldar la versión de Carlos Peña y trasladar la responsabilidad del desabasto hacia CONAGUA.
En Reynosa, mientras tanto, Antonio Chávez —colocado días antes al frente del reparto de agua mediante pipas— amplió su exposición ante comunicadores y funcionarios municipales.
La reunión no fue utilizada para transparentar el operativo. No se informó de quién eran las pipas, cuánto costó el servicio, qué proveedor fue contratado, cuántos litros se distribuyeron ni cuáles fueron los criterios para seleccionar las colonias.
El mensaje se concentró en la cercanía, el diálogo y el reconocimiento a los medios alrededor de Antonio Chávez.
Nada de ello acredita una candidatura anticipada o una infracción electoral. Pero sí muestra una secuencia de posicionamiento: presencia en colonias, atención de una necesidad básica, exposición institucional y acercamiento con medios.
Maki Ortiz llevó la defensa al Congreso acompañada por dos legisladoras que habían marcado distancia con la agenda electoral de Sheinbaum. Antonio Chávez ocupó el territorio y el espacio mediático. Carlos Peña quedó respaldado en ambos frentes.
Raúl Quiroga había dicho que “la política se la dejo a los políticos”. Ese día, la crisis del agua recorrió precisamente esa ruta: del Congreso a las pipas y de las colonias a los medios.



