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Piensa mal y acertarás

Fuentes fidedignas. Por Isaías Álvarez

Durante años, el Canal Anzaldúas ha sido el recordatorio más sucio de una verdad incómoda: mientras Reynosa se abastece del Río Bravo, Río Bravo y Valle Hermoso han tenido que convivir con un “abasto” que en temporada de estiaje se parece demasiado a las aguas negras. La descarga histórica del Dren de las Mujeres —un dren que debería ser pluvial— no es rumor: es una realidad. Y la realidad, a diferencia de los discursos, no se edita en redes sociales.

Por eso sorprende que el alcalde panista Miguel Almaraz haya encontrado, hasta ahora, su momento para hablar de la mala calidad del agua. No cuando la contaminación se documentó, no cuando las consecuencias golpeaban a hogares y cosechas, no cuando el tema era responsabilidad de gestión y coordinación, no. Hasta hoy, cuando el agua sucia parece servirle como argumento para una demanda que, curiosamente, no incluye un plan técnico, financiero o sanitario: quiere que la COMAPA pase a sus manos.

La presidenta Claudia Sheinbaum suele insistir en “atender las causas”. Aquí esa frase no necesita micrófono: necesita mapa. La causa no está en la oficina donde se firma la nómina de la COMAPA. La causa está aguas arriba, en las descargas que llegan al canal. Y bajo el marco de esa “revoltura” de lealtades —verdes, morenos y panistas en el mismo círculo de conveniencia— resulta difícil creer que Almaraz pretenda incomodar a sus amigos los Makiavelicos para obligarlos a hacer las modificaciones pertinentes en drenajes y descargas. Porque si el problema es Reynosa, entonces la solución exige confrontar a Reynosa. Y esa parte, casualmente, no aparece en su exigencia que hace cada tercer dia.

La comparación es inevitable: hubo políticos -YSQ- que prometieron “acabar con la corrupción” y nunca explicaron cómo, ni mucho menos se acabó. El resultado ya lo vimos: no se elimina, se transforma, se disfraza o se administra. Con el agua pasa algo parecido cuando el discurso va por delante del plan: se promete “agua limpia”, pero no se presenta ruta, calendario, costos, fuentes de financiamiento, diagnóstico de infraestructura, ni un solo mecanismo de rendición de cuentas. Hay promesa, pero no hay ingeniería; hay exigencia, pero no hay estrategia.

La COMAPA no es solo un organismo operador; es un botín político y económico. Contratos, proveedores, químicos, obras, pipas, nóminas, decisiones que en sequía valen oro. Y cuando alguien quiere primero el control y luego el plan, la ciudad debería preguntarse a quién beneficia la urgencia.

Si el alcalde realmente quiere mejorar la calidad del agua, tiene un camino inmediato que no requiere apoderarse de nada: que empiece por sugerir —y exigir— a sus amigos los Makitos que dejen de verter aguas negras al Anzaldúas. Para eso no necesita ser dueño de la COMAPA. Necesita carácter. Y si quiere hablar de responsabilidad, que comience por lo básico: pagar la deuda municipal con el organismo. Antes de administrar, hay que cumplir. Y antes de mandar, hay que entender.

Y por último, una precisión que ahorra ridículos: la COMAPA de Río Bravo no es la única bajo el esquema estatal. Hay varias. Que investigue antes de seguir demostrando ignorancia en redes, como ya lo ha hecho. Porque el agua puede estar turbia, sí. Pero más turbia es la política cuando se disfraza de preocupación social para abrirle la puerta a un negocio de poder.

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