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Prorroga al nepotismo

Fuentes fidedignas. Por: Isaías Álvarez

Morena prometió erradicar el nepotismo, pero terminó concediendo una prórroga. La reforma que impediría a gobernantes heredar el poder a sus familiares no entrará en vigor en 2027, sino en 2030. ¿Quién lo pidió? El Partido Verde. ¿Quién lo permitió? Morena.

El Verde, partido que no mueve un dedo sin asegurarse un beneficio -no da paso sin huarache, como dicen en mi pueblo-, defendió con uñas y dientes a sus líderes regionales. Ricardo Gallardo, gobernador de San Luis Potosí, es evidente que su esposa, la senadora Ruth González Silva, sea su sucesora en 2027. Es bien sabido que Félix Salgado Macedonio busca la gubernatura de Guerrero que hoy ocupa su hija, Evelyn Salgado. En Zacatecas, los Monreal no se quedan atrás: David dejará la silla, pero su hermano Saúl ya está listo para ocuparla. La reforma original les cerraba la puerta, el Verde la volvió a abrir.

Pero lo verdaderamente revelador es lo que Morena hizo —o más bien, lo que no hizo—. Cedió. No porque estuviera convencido, sino porque necesitaba mantener la estabilidad en su coalición. Para la 4T, el control legislativo es una prioridad, y perder al Verde habría significado abrir un flanco de riesgo en el Congreso. Así que prefirieron negociar, alargar la entrada en vigor de la reforma y permitir que sus propios aliados continúen operando como caciques.

Parece ser que las reformas pueden esperar, pero la gobernabilidad no. Morena pudo haberse plantado y mantener su discurso anticacicazgos con hechos, pero eligió la conciliación. No quería enfrentarse a los liderazgos locales del Verde ni provocar tensiones con el PT. Seamos realistas, tampoco ignoraba que dentro de su propio partido hay quienes también se benefician de estas prácticas.

Esto no es nuevo. El Verde es experto en vender a muy buen precio su apoyo. Lo hizo con el PRI, lo hizo con el PAN y ahora lo hace con Morena. Es un partido sin ideología fija, pero con un olfato infalible para el poder y para plantarse donde quiere. En 2024 fue clave para la mayoría legislativa de la 4T gracias a la sobrerrepresentación que le permitió colocar más diputados de los que le correspondían. Ahora está cobrando la factura y bien cobrada.

Así, la reforma que prometía sanear la política terminó posponiéndose. Porque en este juego no gana quien tiene la razón, sino quien tiene los votos. Y el Verde, una vez más, demostró que sabe usarlos a su favor. En Tamaulipas no cantan mal las rancheras, pero tocaremos ese tema para la próxima.

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