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LA CAÍDA DEL PERIODISMO ANTI AMLO

¿Cuántos periodistas anti-AMLO conoce? El ejercicio riguroso del periodismo es verdaderamente necesario, indispensable en una democracia. Y la crítica siempre es bienvenida y sana, absolutamente indispensable.

Por Sanjuana Martínez

Sin embargo en México, una nueva especie de “periodistas” lleva años nutriéndose de un solo tema: el anti-AMLOismo. Durante casi dos décadas, estos comentadores, tertulianos, escritores, intelectuales o columnistas, han sido monotemáticos.

No importaron los años en la oposición, ni los graves errores y despilfarros de los últimos gobiernos, los antiamloistas se dedicaron a seguir con su “especialidad” y prefirieron el silencio frente a los excesos, crímenes y delitos cometidos.

Ante los múltiples escándalos de corrupción de los sexenios de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, callaron. Ante el derramamiento de sangre por la violencia del Estado, callaron. Ante el crecimiento del empobrecimiento a causa de sus fallidas recetas económicas, callaron. Ante el enriquecimiento inexplicable de las familias presidenciales, callaron. Ante el otorgamiento de publicidad oficial a discreción en sus medios, callaron. Ante la prosperidad de sus medios y sus jefes, callaron. Ante las reformas nefastas, callaron… Y continuaron callados.

Su voz, está única y exclusivamente dirigida hacia un tema: el anti-AMLOismo. Y triunfaron. Hay que reconocerlo. La fuerza de sus palabras, de su empeño y en ocasiones de su acérrimo odio, dio frutos durante unos años. La manipulación, tergiversación, y alteración de la realidad, surtieron efecto.

Su especialidad antiamloista fue tan valorada, que se convirtieron en una pieza clave de los últimos gobiernos. Fueron los peones de los gobernantes. Los peones, es decir, según el diccionario, los “obreros de baja categoría sin especialidad alguna”, más que el antiamloismo.

Y cosecharon grandes frutos. Algunos, hasta yate se compraron, otros, menos afortunados, adquirieron con sus ganancias, buenas propiedades e incrementaron sus cuentas bancarias y las de los medios que representan. El antiamloismo vendía y sigue vendiendo.

El problema es que ahora, su buena fortuna ha caído en desgracia. No es igual ser antiamloista mientras Andrés Manuel López Obrador era un simple contrario, un simple miembro de la oposición. Ahora, su antiamloismo ya no representa beneficios y jugosos rendimientos. En este momento, su antiamloismo es un riesgo para sus jefes, para sus medios. Esos medios que se venden al gobernante en turno y que gracias a ello han sobrevivido. Televisoras, periódicos, programas de radio, revistas, medios electrónicos, están preocupados. Sus peones ya no les sirven.

Corren nuevos tiempos. Algunos ya fueron despedidos, otros simplemente cerraron sus publicaciones ante el inminente cambio de gobierno. Y es que los especialistas antiamloistas han quedado de pronto en desuso. Ya no se requieren sus servicios.

Muchos otros son simples mercenarios y ya han cambiado su camiseta. Ahora no son antiamloistas, son simplemente periodistas aplaudidores del gobierno, aunque tal vez, siempre lo fueron, al menos de los gobiernos en turno.

Sin embargo, existe aún un remanente de antiamloistas profesionales. Este grupo residual de expertos se dedica ahora a anunciar la catástrofe, el apocalipsis de lo que nos espera. Siguen en la senda del rencor. Se lo han tomado personal. Es una lucha entre ellos y el mal. Ahora no solo significa combatir a un opositor, ahora se trata de estar en guerra contra un presidente. Semejante hazaña debe ser tomada en consideración.

Una cosa muy distinta es criticar al gobierno en turno, cosa que los amloistas no hicieron. Pero otra cosa es venir del antiamloismo y ahora querer ser parte de la prensa rigurosa y critica.

Para no confundirlos sugiero un análisis de contenido breve. Primero, observemos los medios con ojo critico. Si AMLO dice que Rosario Robles no es la única involucrada en los casos de corrupción, y que falta investigar a sus jefes del saqueo, hay quien tituló que “AMLO defiende a Rosario Robles”. De manera constante, los especialistas antiamloistas seguirán publicando una información manipulada a sus intereses.

Si AMLO critica la manipulación informativa de ciertos medios y de los antiamloistas, inmediatamente dirán que se sienten agredidos, calificaran como un ataque a la libertad de expresión.

Peor aún, si AMLO se atreve a etiquetar a quienes lo atacan como “prensa fifí, alquilada o deshonesta” o como “alcahuetes de la derecha”, eso ya es la hecatombe, porque se trata de un dictador dispuesto a coartar la buena salud de la prensa cultivada por Fox, Calderón y Peña Nieto, auténticos próceres y cuidadores respetuosos del buen periodismo.

Durante años nadie ha cuestionado a los antiamloistas. Los que hemos sufrido, somos los que decidimos criticar al poder en turno. Mientras éramos amenazados por agentes del Estado, mientras asesinaron a 160 compañeros, mientras desaparecieron a 26 más, ellos se han dedicado a disfrutar de las mieles de su cercanía al poder.

Tal vez por eso no soportan que llegue a la presidencia un hombre votado por el 53 por ciento de los mexicanos electores, tampoco un hombre que se atreva a cuestionarlos sin coartar su derecho a disentir. Mucho menos que hable de “pasquines del régimen” o de la “prensa inmunda” o de la “mafia del poder y la prensa”.

Hasta ahora, no conozco ningún caso de un periodista, articulista, comentarista, intelectual, escritor o columnista silenciado por AMLO, pero si los silenciados por los últimos gobiernos, esos grandes simuladores envueltos en la bandera de la libertad de expresión que han convertido a México en el país más peligroso de la región para ejercer el periodismo. Conozco casos en donde fueron los propios funcionarios hablando a los medios para pedir nuestras “cabezas”, para amenazar y exigir que se nos despidiera por atrevernos a investigarlos, criticarlos y exhibir la podredumbre que les rodea. Ahí está la lista de despedidos.

De esa parte, los antiamloistas prefieren no hablar. Ahora son ellos las víctimas de la libertad de expresión. Se flagelan. Se han autoinmolado. Pobrecitos, su especialidad ha dejado de interesar. Son los damnificados del régimen anterior a punto de perder su minita de oro. Ahora se preparan para reinventarse y convertirse en los mártires del nuevo gobierno. Aplausos, por favor, el show debe continuar.

SinEmbargo

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