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Nuevo Laredo cambia la conversación: de la violencia a la seguridad

Fuentes fidedignas. Por Isaias Alvarez

Durante años, hablar de Nuevo Laredo en el escenario nacional significaba hablar de violencia, enfrentamientos y una frontera atrapada entre la actividad económica y el poder del crimen. Hoy, sin negar la complejidad que todavía representa una ciudad fronteriza, la conversación comienza a ser distinta.

La propia presidenta Claudia Sheinbaum Pardo colocó a Nuevo Laredo como ejemplo de ese cambio al destacar que actualmente sus habitantes reconocen mayores condiciones de seguridad y atribuir parte de esa transformación no solamente a la estrategia de seguridad, sino también a una mayor prosperidad.

“Nuevo Laredo, Tamaulipas. En la época de Calderón, pues era una ciudad sumamente violenta. Como ciudad fronteriza, sumamente violenta. Incluso de conocidos secuestros de migrantes, balaceras, en fin. Hoy es de las ciudades donde la gente reconoce mayor seguridad”, señaló.

El comentario presidencial tiene un peso particular porque no parte solamente del discurso oficial. Los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI muestran que en junio de 2026 el 26.5 por ciento de la población de Nuevo Laredo manifestó sentirse insegura, frente al 34.8 por ciento registrado tres meses antes.

La caída de 8.3 puntos porcentuales colocó a Nuevo Laredo como la ciudad de Tamaulipas con menor percepción de inseguridad y entre las ciudades del país con mejores resultados en este indicador. No es cualquier cosa.

Una ciudad puede recibir inversiones, construir infraestructura y anunciar programas, pero difícilmente puede ocultar lo que sus habitantes sienten cuando salen a la calle. Por eso la percepción de seguridad funciona también como una especie de termómetro político y social: mide algo que las estadísticas de escritorio no siempre alcanzan a registrar.

En ese terreno, Nuevo Laredo presenta hoy una fotografía diferente.

También la incidencia delictiva ha mostrado resultados favorables. Durante el primer semestre de 2026, la ciudad registró la menor tasa entre las principales zonas urbanas de Tamaulipas, con 22.5 carpetas de investigación por cada 10 mil habitantes.

Pero el fenómeno tampoco puede entenderse únicamente desde Nuevo Laredo.

Los indicadores más recientes muestran que la seguridad ha mejorado en Tamaulipas, con reducciones en delitos de alto impacto y mejores registros en homicidio doloso, robo de vehículo y robo a casa habitación. El estado ha logrado además mantenerse por debajo de la media nacional en distintos indicadores de incidencia delictiva.

Hay, por supuesto, problemas pendientes. Ninguna sociedad seria puede declararse satisfecha mientras exista un delito que altere la vida de una familia. Pero también sería difícil ignorar que la tendencia actual es distinta a la que durante años colocó a Tamaulipas entre las entidades asociadas permanentemente con la violencia.

Ese cambio tiene varias explicaciones. La coordinación entre el Gobierno de México y el Gobierno del Estado representa una de ellas. Pero en el caso específico de Nuevo Laredo existe otro componente que comienza a adquirir peso: la construcción de condiciones sociales y económicas que acompañen la estrategia de seguridad.

Fue precisamente ahí donde Sheinbaum introdujo una palabra que pocas veces aparece cuando se analiza la violencia: prosperidad. “¿Qué ha pasado en Nuevo Laredo? Bueno, trabajo de la estrategia de seguridad y también mayor prosperidad para la gente”, afirmó.

La frase resume una lógica sencilla, pero políticamente relevante. La seguridad no depende exclusivamente de patrullas, operativos o cámaras de vigilancia. También depende de ciudades donde exista empleo, inversión, servicios, escuelas, espacios públicos y expectativas de crecimiento.

En ese terreno se encuentra buena parte de la apuesta emprendida durante la administración de Carmen Lilia Canturosas Villarreal.

La alcaldesa ha evitado convertir la seguridad en una bandera exclusivamente policiaca y ha insistido en vincularla con recuperación de espacios públicos, infraestructura urbana, educación, servicios municipales, desarrollo económico y atracción de inversiones.

Puede discutirse el alcance de cada programa o la velocidad de los resultados —como ocurre en cualquier administración—, pero resulta difícil separar la evolución de Nuevo Laredo de un periodo en el que la ciudad también ha reforzado su condición como plataforma logística, comercial y aduanera.

Canturosas lo resumió al señalar que desde el municipio corresponde acompañar los esfuerzos federal y estatal generando bienestar, fortaleciendo servicios y creando condiciones para la inversión y el empleo.

La declaración podría parecer simplemente institucional si no estuviera acompañada por indicadores que comienzan a respaldarla. Ahí está probablemente la diferencia a otras ciudades, por ejemplo Reynosa.

Durante muchos años los gobiernos intentaron convencer a los ciudadanos de que las cosas estaban mejor. Hoy, al menos en materia de percepción de seguridad en Nuevo Laredo, son los propios ciudadanos quienes empiezan a decirlo en las mediciones.

Y para cualquier gobierno, esa es una prueba más difícil de fabricar.

Nuevo Laredo mantiene desafíos propios de una de las fronteras comerciales más importantes de América Latina. Su posición estratégica también la convierte en territorio sensible para actividades criminales y disputas que trascienden incluso las capacidades municipales.

Sin embargo, convertir aquella vulnerabilidad histórica en una ciudad con mejores indicadores de seguridad representa un cambio que merece observarse con atención. No significa que el problema esté resuelto. Significa algo quizá más importante: que la dirección parece haber cambiado.

En Nuevo Laredo, Carmen Lilia Canturosas ha encontrado una circunstancia políticamente valiosa: los resultados nacionales comienzan a coincidir con el discurso construido desde el gobierno municipal.

Y cuando una presidenta de la República utiliza a una ciudad que durante décadas fue símbolo de violencia para hablar ahora de seguridad y prosperidad, el mensaje trasciende cualquier reconocimiento personal.

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