EN SÍNTESIS

Saludo con mucho gusto a mis lectores. Es un honor para mí que lean mi columna, pero sobre todo que la enriquezcan con sus comentarios y observaciones. Gracias, mil.
En la ocasión de iniciar a desarrollar un tema lo pienso demasiado. Por un lado, me gusta escribir cosas que tengan que ver con situaciones de orden general y de interés público, y sobre todo que le pudieran interesar a mis lectores. Es como una especie de “exposición de motivos”, dicho de otra manera.
Como dice el doctor César Lozano, autor de más de diez libros: “siempre hay algo que escribir, siempre hay algo que contar”. Siempre atinado César Lozano. Es un personaje que sabe conectar con su audiencia, ya sea en los medios como la radio, televisión, o bien por el tema de sus libros. Incluso en redes sociales es un personaje con una gran cantidad de seguidores; en redes, además, es “influencer”, por decirlo de alguna forma.
Lo interesante del tema, además de escribir, es sembrar en positivo y que los comentarios que se hagan sean de interés: que los lean, los apliquen y los mejoren. De nada sirve “predicar en el desierto” y que nadie contraste o cuestione tus escritos. La idea es simple: proponer, contribuir, pero tener retroalimentación para mejorar.
Les platico —todavía no entro al tema—. La verdad no es que le dé vueltas y vueltas al asunto. Lo que pasa es que EN SÍNTESIS, y de manera muy clara y sucinta, es complicado abordar los temas en su totalidad y decir todo lo que me gustaría expresarles.
Sin embargo, y ya para entrar en materia, esta columna más bien parece video de TikTok, de esos que al final te invitan a picarle a la flechita y ver la parte dos. ¿Qué carajos con eso? Dicho sea de paso —y sin abundar demasiado— tengo entendido que “carajo” se refiere a una parte de una embarcación. Cosas raras de nuestro vocabulario, hermoso por cierto el castellano.
Ah, se me olvidaba. Mi esposa Norma, quien es licenciada en Ciencias de la Comunicación, y mi hija Norma Alicia, que también estudia comunicación, me revisan los textos y me dicen: “oye, después de un buen tiempo ya empiezas a escribir mejor”. O frases más lacónicas como: “ya no tienes tantos errores ortográficos”.
Les comento esto porque siempre trato de mejorar y ellas son mis principales apoyos al escribir.
Me queda poco espacio para comentarles que desde 1994 he participado en materia electoral como capacitador electoral, observador federal, observador estatal, consejero electoral federal y local, presidente de organismo electoral y presidente de casilla.
Es decir, cuento con algo de experiencia tanto práctica como teórica de las elecciones en México. He trabajado con códigos de procedimientos electorales desde 1994 a la fecha y observo que cada vez los regulan más, pero los resultados en la política mexicana no son nada alentadores.
Por un lado debemos reconocer que la ciudadanización del IFE, hoy INE, ha sido una de las mejores acciones implementadas por el gobierno mexicano. No perdamos de vista que antes el poderoso PRI, partido hegemónico que gobernó por más de 70 años, organizaba las elecciones por medio de la Secretaría de Gobernación.
Para ganarle al partido en el poder no era difícil: era casi imposible. Por ello en su momento se crearon las diputaciones plurinominales, para que las expresiones distintas al poder político pudieran tener representación en las cámaras, tanto de diputados como de senadores.
El devenir histórico nos enseña que cambian las leyes, cambia la Constitución, pero los políticos siguen siendo los mismos.
Recuerdo que en 1994 me tocó conocer a Ricardo Monreal, a la sazón diputado federal del PRI. Por cierto, hace días dijo que seguía siendo cenecista, sector del PRI ligado a los campesinos. Antes de ser de MORENA pasó por el PRD.
Así como nuestro conocido Monreal, que tiene vasta experiencia legislativa, existen cientos de personajes que ya “contribuyeron a la democracia”: primero como diputados, luego senadores, después gobernadores, y cuando se aburren vuelven a repetir la fórmula. O bien sus hijos son los que mandan en el escenario nacional.
Por ello, en vez de cuestionar el Plan B de la señora presidenta Claudia Sheinbaum o su fallida reforma electoral, mejor opinemos y pensemos qué hacemos los ciudadanos ante la realidad mexicana.
La clase política es y seguirá siendo la misma. Los escenarios de 1917, los caudillos que dieron su vida por México, siguen en el tren de la Revolución, ahora montados en una transformación que solo los políticos de altos vuelos comprenden.
Amigos, por hoy es todo. Me gustaría seguir comentando, pero mejor les dejo a ustedes las reflexiones.
Ayúdenme con ideas para contribuir a mejorar nuestro sistema de gobierno, nuestra forma de vida y nuestro diario vivir. Pero no perdamos de vista que, aun con todo lo que pasa en nuestro país y en el mundo, sobre todas las cosas y sobre todas las leyes, el poderoso, soberano y omnipotente es nuestro Señor.
Es Dios quien tiene el control de todo y de todos. Dejemos además que se haga su voluntad y, con ello, quizá viviremos más tranquilos: con malos gobernantes, pero con paz mental y con Dios en nuestro corazón.
Mario Longoria
Columnista desde el año 2000.
Licenciado en Derecho por la Universidad de Monterrey y con maestría en Administración Pública.



