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¿Y ahora quién podrá ayudarme?

Fuentes fidedignas. Por Isaias Alvarez

Con la salida de Adán Augusto López de la coordinación de la bancada de Morena en el Senado, es imposible no imaginar al senador José Ramón Gómez Leal mirando al vacío político y citando —aunque sea en silencio— la célebre frase del Chapulín Colorado: ¿Y ahora quién podrá ayudarme?

Hasta hace apenas unos días, JR le decía padrino. Hoy, ya con el nuevo acomodo de fuerzas, se atrevió a decirle compañero. El problema no es el cambio de tratamiento, sino lo que simboliza: se quedó huérfano en su aspiración de ser candidato a gobernador en 2028; ya no le sirve, por eso le perdió el respeto.

Porque una cosa es competir sin padrino y otra muy distinta es hacerlo cuando el padrino ya no manda.

Por un lado, está el hecho evidente de que Adán Augusto perdió el poder que en algún momento se creyó ilimitado: la capacidad de imponer nombres, blindar perfiles y operar candidaturas desde el centro del poder. Ese capital político se diluyó, y con él, la red de protección de quienes apostaron todo a su sombra.

JR no sólo pierde respaldo para impulsar su proyecto político; queda expuesto, vulnerable, sin red. Justo cuando los señalamientos que lo persiguen desde hace tiempo siguen ahí, intactos, esperando turno. Y no son pocos.

Ahí están las denuncias de empresarios por presuntos despojos de terrenos en Reynosa —documentadas en investigaciones periodísticas, entre ellas Latinus—; los señalamientos reiterados que lo vinculan con el huachicol; y su desempeño francamente gris en el Senado. Basta revisar el número de iniciativas presentadas, discutidas y aprobadas para entender que su paso por la Cámara Alta ha sido más testimonial que productivo.

Eso sí: en su afán por ser gobernador, ha prometido cielo, mar y tierra. “Cuando sea gobernador”, repite a donde sea que va. Así, en futuro eterno. Así, a testimonio de más de uno.

Pero en política, los futuros se construyen en el presente, y el presente de JR es frágil.

Además, hay un factor que no debe perderse de vista. Adán Augusto, en un intento por salvar su pellejo, bien podría dejar caer a sus discípulos. Ya sea en Chihuahua, con Andrea Chávez, o en Tamaulipas, con José Ramón Gómez Leal. En ese tablero, los alfiles sobran cuando el rey está en jaque.

Visto desde cualquier ángulo, el panorama no es alentador para quien presume tener “un sueño por Tamaulipas”, como reza su eslogan en redes sociales. Porque en política los sueños no bastan cuando el poder se evapora, los respaldos se retiran y los expedientes siguen vigentes.

Hoy, José Ramón Gómez Leal no camina hacia el 2028: flota. Sin estructura sólida, sin padrino que empuje y con más señalamientos que resultados, su aspiración se sostiene más en la narrativa que en la realidad. Y en el ajedrez del poder, cuando el rey está en jaque, los peones se sacrifican sin titubeo.

Así que la pregunta ya no es si llegará a la candidatura, sino si logrará mantenerse a flote cuando el sistema empiece a pasar facturas. Porque en la política real —no en la de redes sociales— nadie rescata a quien deja de ser útil.

Y entonces sí, la frase deja de ser chiste: ¿Y ahora… quién podrá ayudarlo?

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