ColumnasOpinión con sentidoPolíticaPrincipal

De operador clave a pieza decorativa

Fuentes fidedignas. Por Isaías Álvarez

En política hay derrotas escandalosas y hay derrotas silenciosas. Las primeras hacen ruido; las segundas son más peligrosas. Porque no humillan, simplemente te vuelven prescindible.

Eso es lo que hoy enfrenta Ricardo Monreal. No hay ruptura con Claudia Sheinbaum, ni hay expulsión, mucho menos hay guerra abierta. Hay algo peor: absorción.

Monreal pasó de la crítica calculada a la disciplina absoluta en cuestión de semanas. De marcar matices frente al nuevo liderazgo, a convertirse en votante confiable del proyecto presidencial. ¿Convicción? No. Supervivencia. Entendió que el margen para la autonomía interna se cerró y que el mensaje fue contundente cuando figuras como Adán Augusto López Hernández comenzaron a perder centralidad.

Y en medio de ese reacomodo lanzó una frase que dice más de lo que parece. Cuando le dijo a su hermano que “estás viendo la tormenta y no te hincas”, no era sólo un regaño doméstico. Era un mensaje político en clave: no patalees, no rebuznes, no desafíes el clima. Porque ahora la batuta la trae otro.

En un movimiento como Morena, el poder no se comparte: se administra. Y la administración del poder pasa hoy por consolidar autoridad propia, no por convivir con liderazgos paralelos. Monreal lo sabe. Por eso se alineó. El problema es que alinearse no garantiza nada.

Porque en la transición del liderazgo carismático de Andrés Manuel López Obrador hacia la consolidación institucional de Sheinbaum, los “dinosaurios” no están siendo perseguidos, están siendo contenidos.

No encabezarán las grandes reformas, no definirán candidaturas estratégicas, no operarán presupuestos clave, no colocarán a sus cuadros en posiciones determinantes. Seguirán ahí, sí, pero sin palanca real.

La familia Monreal, acostumbrada a construir poder territorial y a mantener influencia en Zacatecas y en el Congreso, enfrenta ahora una realidad distinta: el centro ya no necesita equilibrios internos; necesita lealtad sin ruido. Y cuando el poder deja de necesitar intermediarios, los convierte en piezas decorativas.

No es ajuste de cuentas, es rediseño. Porque ningún liderazgo en consolidación tolera estructuras autónomas que puedan convertirse en polos alternos. Y Monreal siempre fue eso: un operador con estructura propia.

Hoy su capital político depende de que lo consideren útil. No indispensable, no estratégico. Útil. Y en política, cuando pasas de indispensable a útil, la pendiente es descendente.

Sus operadores leales, sus cuadros históricos, sus aspirantes regionales, pueden comenzar a entender el mensaje: el reparto de 2027 y 2030 no está diseñado para reciclar figuras del pasado. Está diseñado para construir una nueva generación alineada sin matices.

Ahora bien, ingenuos no son. Todos van a querer. Independientemente de lo que ocurra, van a operar, van a negociar, van a mover estructuras, van a intentar colocar piezas en posiciones relevantes. Esa es la naturaleza del poder: nadie se retira voluntariamente del juego.

Pero de querer a lograr hay un tramo considerable. Y hoy esa distancia se llama desventaja estructural.

Porque competirán en un tablero donde los verdaderamente alineados con el proyecto presidencial parten con ventaja política, presupuestal y narrativa. Competirán desde un hándicap marcado frente a quienes no necesitan demostrar lealtad, porque forman parte del nuevo núcleo.

Monreal no está derrotado. Pero tampoco está en la pole position. Y en esto, arrancar desde atrás en un momento de reconfiguración interna puede significar algo más que un simple retraso: puede significar quedar fuera del rediseño definitivo.

Así funciona el poder cuando deja de ser memoria y se convierte en selección natural.

Notas relacionadas

Deja una respuesta

Te puede interesar
Cerrar
Botón volver arriba