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El alcalde solo: radiografía de una crisis política en Madero

Crónicas del Sur | Por José Juan Tomas

La política municipal en Ciudad Madero entró en una fase peligrosa: la del alcalde aislado. No es una percepción ni una exageración periodística; es un hecho medible en votos, gestos y silencios incómodos dentro del Cabildo. La reciente sesión dejó una imagen imposible de maquillar: Erasmo González Robledo gobierna sin mayoría, sin consenso y, cada vez más, sin autoridad política.

Cuando un alcalde no logra que su propia bancada lo respalde, el problema ya no es financiero, es político. Cinco regidores de Morena votando en contra no son un accidente ni un malentendido técnico; son un mensaje.

Y es un mensaje duro: no confían, no acompañan y no están dispuestos a cargar con decisiones improvisadas que comprometan el futuro del municipio.
El adeudo laboral con el SUTSHA fue solo el detonante.

La verdadera crisis está en la forma de gobernar. Pretender resolver un conflicto millonario con un pago simbólico, sin documentos claros, sin ruta legal y sin transparencia, es una falta de respeto al Cabildo y a la ciudadanía. El rechazo era previsible. Lo sorprendente fue la incapacidad del alcalde para anticiparlo o corregirlo.

La escena del secretario del Ayuntamiento repitiendo la votación hasta tres veces y el alcalde saliendo de la sala en el momento más crítico no fue un detalle menor; fue una metáfora del gobierno actual: desorden, nerviosismo y evasión. En política, las imágenes pesan tanto como las decisiones, y esta fue demoledora.


El Cabildo, que debería ser un órgano de respaldo institucional, se convirtió en un muro. La oposición hizo lo que le toca: cuestionar. Pero que Morena se sume al rechazo confirma que el liderazgo del alcalde está erosionado. Sin liderazgo no hay gobernabilidad, y sin gobernabilidad cualquier problema —por pequeño que sea— se vuelve una amenaza mayor.

El riesgo de embargos, la presión de los trabajadores y la posible afectación a los servicios públicos no son escenarios lejanos; son consecuencias directas de un gobierno que no dialoga, no planea y no convence.


La administración municipal camina al borde del colapso no por falta de recursos, sino por falta de conducción política.
Ciudad Madero no vive solo una crisis administrativa; vive una crisis de poder. Y cuando un alcalde se queda solo en el Cabildo, lo que sigue no es gobernar: es resistir.

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