ColumnasOpinión con sentidoPolítica

Cuando la comunicación se vuelve poder… y estorbo

Crónicas del Sur | Por José Juan Tomás.

En política, la comunicación no es un accesorio: es una herramienta de gobierno.

Por eso, cuando se utiliza para excluir, castigar o premiar lealtades, deja de ser institucional y se convierte en un problema de poder. Eso fue exactamente lo que ocurrió en la administración municipal de Erasmo González Robledo.


Durante meses, la Dirección de Comunicación Social operó bajo una lógica ajena al interés público. No informaba: filtraba. No distribuía: seleccionaba. No transparentaba: administraba el silencio.

El resultado fue una relación rota con buena parte del periodismo local, particularmente con aquel que no se conforma con boletines ni transmisiones en vivo sin preguntas incómodas.
El reciente relevo en la cúpula de Comunicación Social no fue casual ni espontáneo.

Fue la consecuencia de una acumulación de errores, excesos y desobediencias que terminaron por exhibir algo más grave: la existencia de un poder informal dentro del Ayuntamiento, capaz incluso de ignorar instrucciones directas del propio alcalde.
El caso es claro y está documentado.

Oficios enviados, solicitudes ignoradas, órdenes incumplidas. Cuando un director de área decide a quién se informa y a quién se castiga con el silencio, ya no estamos hablando de fallas administrativas, sino de una distorsión del ejercicio del poder.

A ello se suman los señalamientos que ya circulan en pasillos oficiales: posibles irregularidades en la asignación de contratos de comunicación social, vínculos familiares, compadrazgos y una preocupante ausencia de reglas claras para el manejo de la publicidad gubernamental. Si la Auditoría Superior del Estado confirma estos indicios, el asunto dejará de ser político para convertirse en legal.

Pero el daño ya está hecho. La imagen de un gobierno que predica austeridad mientras concentra recursos en unos cuantos medios afines no se borra con un simple cambio de nombres. La credibilidad no se decreta; se construye con hechos.

Erasmo González tomó una decisión necesaria, aunque tardía. Ahora enfrenta un reto mayor: demostrar que el cambio no es cosmético, que la comunicación volverá a ser un puente con la sociedad y no un muro contra la crítica.

Porque en política, cuando la comunicación se usa para controlar, termina controlando al propio gobierno. Y cuando eso ocurre, el verdadero costo no lo pagan los funcionarios, sino la ciudadanía.

Notas relacionadas

Deja una respuesta

Te puede interesar
Cerrar
Botón volver arriba