Ciencia, juventud y rumbo: la UAT arranca el año con señales claras

Por Isaias Alvarez
Iniciar el año hablando de la Universidad Autónoma de Tamaulipas no es un gesto protocolario: es una toma de postura. Porque mientras algunos aún discuten inercias del pasado, la UAT ya está jugando en ligas mayores, y lo hace desde donde realmente se transforma un estado: el conocimiento.
Que un proyecto científico nacido en una preparatoria pública de Tamaulipas llegue a una conferencia internacional en Tailandia no es casualidad ni anécdota para boletín. Es síntoma. Síntoma de una universidad que decidió dejar de administrarse y empezó a conducirse. Y en esa diferencia —sutil pero decisiva— está el sello del rector Dámaso Anaya Alvarado.
El caso de Luis Fernando Aguinaga Rodríguez, alumno de la Preparatoria Mante que hoy asesora proyectos con rigor científico internacional, rompe de un golpe dos prejuicios muy arraigados: que la ciencia es exclusiva de las élites académicas y que el talento joven necesita irse para florecer. Aquí no se fue. Aquí se quedó, se formó, y desde aquí saltó al mundo.
El proyecto del parche biométrico para la regeneración ósea —con principios biomiméticos, materiales biocompatibles y un enfoque claramente aplicado— no es solo una promesa tecnológica. Es una declaración política en el mejor sentido del término: la educación pública puede generar innovación de frontera cuando hay visión institucional, acompañamiento real y liderazgo que no estorba, sino que empuja.
Y eso es clave. Porque el liderazgo universitario no se mide por discursos solemnes ni por fotografías de archivo, sino por ecosistemas que funcionan. Programas como Amor por la Ciencia no se sostienen solos: requieren decisión presupuestal, articulación con el estado, respaldo a directivos y confianza en los jóvenes. Requieren, en pocas palabras, rectoría.
La UAT de hoy empieza a parecerse menos a una universidad defensiva y más a una universidad estratégica. Una que entiende que formar científicos desde la preparatoria no es un lujo, sino una inversión de largo plazo; que competir en retos de tecnología cuántica no es marketing, sino preparación para el mundo que viene; y que proyectar talento tamaulipeco en Asia no es exageración, sino ambición bien entendida.
Arrancar el año con estas señales no es menor. En tiempos donde muchas instituciones sobreviven administrando inercias, la UAT está apostando por construir futuro. Y cuando una universidad pública hace eso —con resultados medibles, nombres propios y reconocimiento internacional— conviene decirlo claro: hay conducción, hay rumbo y hay liderazgo.
Lo demás, como siempre, se irá acomodando solo. Porque cuando la ciencia avanza, el ruido queda atrás.



