Política

La Cabeza Vacuna de la “Familia” Tamaulipeca


Guadalupe Correa-Cabrera

Tamaulipas es un lugar muy complejo, cuyas dinámicas han estado históricamente vinculadas, primero al contrabando y luego al narcotráfico...

SINEMBARGO

AGOSTO 24, 2020

Francisco Javier Cabeza de Vaca llega a la gubernatura de Tamaulipas en octubre de 2016. Foto: Rogelio Morales, Cuartoscuro.

Conozco bien el estado de Tamaulipas y a su gente. Viví ocho años en Brownsville, Texas en un lugar ubicado a quince minutos caminando de la Ciudad de Matamoros, Tamaulipas, cuna del Cartel del Golfo y cuna también de una nueva forma de crimen organizado que da origen a la que fuera una de las organizaciones criminales más violentas en la historia de México: Los Zetas. Yo vivía en Fort Brown, y literalmente, desde la puerta de mi casa, me llevaba sólo unos minutos caminar para llegar al restaurante Garcías en la que fuera la ciudad natal del único e inigualable Rigo Tovar. Viajé varias veces por carretera por toda la frontera del lado Tamaulipeco, visité las cabeceras municipales en la Frontera Chica varias veces, así como las ciudades más importantes del estado—incluyendo la capital, el Puerto de Tampico, San Fernando, Ciudad Mante y la Reserva Ecológica de la Biósfera de El Cielo en Gómez Farías, entre otras. Tamaulipas es un estado muy interesante en el que construí amistades entrañables en un intento por conocer el lugar donde nacieron aquellos terribles a los que me encontraba estudiando cuando escribía un libro sobre el tema de energía y los Zetas.

Tamaulipas es un lugar muy complejo, cuyas dinámicas han estado históricamente vinculadas, primero al contrabando y luego al narcotráfico y a otras formas de crimen organizado. Tamaulipas tiene costa y tiene una larga y rara frontera con Estados Unidos. Eso lo ilustra todo, en particular, las historias de contrabando, polvo y sangre que explican la “génesis y evolución del tráfico de drogas” en este estado fronterizo de la República Mexicana [aquellas que cuenta mi amigo Carlos Flores Pérez en su fantástico libro]. Los que nacieron y habitan en ese estado siempre dicen, quizás de broma [o quizás no], que todo tamaulipeco hoy en día tiene un familiar o un amigo vinculado al Cartel. Dicen además que todos han tenido alguna experiencia amarga, directa o indirecta, relacionada con asesinato, secuestro o extorsión. Muchos también aseguran que en Tamaulipas no se puede ser gobernador, ni presidente municipal, ni jefe de la policía local, si no se cuenta con el permiso o “bendición” del Cartel—con todo lo que eso conlleva.

Por ello, y si uno estudió bien la historia del narcotráfico y la delincuencia organizada en Tamaulipas, no le sorprenderían las recientes acusaciones en contra de Francisco Javier García Cabeza de Vaca, actual gobernador del estado de Tamaulipas, por sus supuesto vínculos al Cartel del Golfo desde que fue alcalde o presidente municipal de la ciudad de Reynosa. Estas acusaciones sorprenden aún menos a muchísimos tamaulipecos y a comunicadores locales o usuarios de redes sociales, quienes en los últimos años han estado documentando y reportando—aunque sin proporcionar pruebas contundentes aún, aunque sí muchas pistas—las supuestas tropelías y corruptelas múltiples del máximo líder político tamaulipeco.

La historia parece volver a repetirse. Recordemos los casos de otros famosos exgobernadores del mismo estado: Tomás Yarrington Ruvalcaba y Eugenio Hernández Flores, quienes enfrentan cargos federales en Estados Unidos por presunto lavado de dinero, lo cual confirmaría sus vínculos con la “gran familia Tamaulipeca”, formada entonces por los dos principales carteles que operaban en territorio tamaulipeco durante sus administraciones: El Cartel del Golfo y Los Zetas. Tanto Eugenio como Tomás, tenían grandes aspiraciones políticas y empresariales, y parecían llevarse muy bien con autoridades y políticos estadunidenses. Pero como le pasó a García Luna, los otrora aliados de Cabeza de Vaca al norte de la frontera, parecen tener ahora algunas pruebas que inculpan al gobernador y lo vinculan directamente a las actividades de los “bad hombres” mexicanos. A esto se le suman las acusaciones por parte de Emilio Lozoya Austin, que señalan a Cabeza de Vaca y otros por haber recibido sobornos para la aprobación de la reforma energética.

Franciso Javier—o “Cabeza de Vaca” como es conocido por la mayor parte de la opinión pública mexicana—llega a la gubernatura de Tamaulipas en octubre de 2016. abanderado por el Partido Acción Nacional. No importando sus antecedentes criminales de juventud en Estados Unidos, las declaraciones de testigos protegidos en México y Estados Unidos y los múltiples testimonios que lo vinculaban al narcotráfico, los panistas decidieron darle el voto de confianza a quien fuera alcalde de Reynosa, diputado federal, diputado local, funcionario del gobierno de Felipe Calderón y Senador de la República.

Así como en el caso de García Luna, la carrera de Cabeza de Vaca parecía ser meteórica, y así como en el caso del exsecretario de seguridad pública, podría estar próximamente enfrentando cargos federales en México y/o Estados Unidos. Al parecer, la DEA lo investiga y comparte información con las autoridades mexicanas. Se le investiga por enriquecimiento ilícito, desvío de recursos y defraudación fiscal. Las acusaciones no parecen ser menores, pero el expediente (aún no comprobado) del hoy gobernador de Tamaulipas parece nutrirse de muchas otras historias que hasta ahora no han sido debidamente investigadas. Miembros de la delincuencia organizada (a través de declaraciones formales en casos judiciales o narco-mantas), autoridades estatales de derechos humanos y un sinfín de comunicadores en medios formales y redes sociales lo relacionan con una gran lista de delitos graves, que van desde la recepción de sobornos entregados por parte del Cartel del Golfo; cobro de cuotas a empresarios de lo lícito y lo ilícito; actos de corrupción diversos (que incluso llegan a vincularlo con negocios de los hermanos Bibriesca Sahagún); hasta desapariciones extrajudiciales en el estado por parte de la policía que él comanda o sobre quien ejerce principal responsabilidad. Se ha llegado a decir también que cobra, a través del Diputado Arturo Soto, jugosas cuotas a dueños de casinos y centros nocturnos en Tamaulipas “que resultan ser una fuente de liquidez para sus contiendas políticas”.

Dicen que cuando “el río suena es porque agua lleva”, pero hasta ahora nadie había querido investigar a profundidad este caso. Me parece apabullante el número de testimonios que he leído y recogido sobre las supuestas tropelías del actual gobernador de Tamaulipas, pero respetuosa del ‘debido proceso’ estaré atenta a las investigaciones por parte de la fiscalía mexicana y las agencias estadounidenses, incluyendo a la DEA y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) a través de la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI por sus siglas en inglés). Por lo pronto, me sorprendo de todo aquello que encuentro en los medios internacionales, la prensa nacional y local, los blogs que colocan a García Cabeza de Vaca como la supuesta cabeza hoy en día de la “gran familia”, mafia o maña tamaulipeca. Lo que sí parece ser verdad es que el gobernador de Tamaulipas es quizás el mandatario estatal más cuestionado del país. Algunos se refieren a él incluso como un “narco-gobernador”. Habría que ver y esperar los resultados de las investigaciones judiciales en México y la Unión Americana.

Atendiendo a mi derecho fundamental de libertad de expresión y en base a todas las publicaciones vertidas en la prensa y las redes sociales, así como a las centenas de testimonios informales que he recogido en persona y vía electrónica como parte de mi trabajo para entender las dinámicas de la delincuencia organizada en Tamaulipas, me gustaría resaltar algunos puntos clave sobre este personaje poco comentados y que llaman particularmente mi atención más allá de lo que se ha resaltado en medios de comunicación en fechas recientes. Tamaulipas, hasta hace poco, fue un agujero negro en términos de información. Muchas fuentes prefieren guardar el anonimato, pero informan en las redes sociales—y con sus muchas limitaciones, dicha información, bien curada, podría tener alguna validez. En este ejercicio me limito a relatar lo que he encontrado en fuentes abiertas.

El primer punto que quiero hacer se relaciona con el perfil de Cabeza de Vaca que delinean varios blogueros y fuentes consultadas. Según estas versiones, el hoy gobernador de Tamaulipas es un hombre sin escrúpulos, extremadamente inteligente, que sabe manejar muy bien la información a su favor y en contra de sus adversarios. Es un “ser traicionero, que te va a utilizar hasta exprimirte y luego te va a desechar cuando ya no le seas conveniente”. Lo describen también como un hombre de naturaleza combativa “que se aburre si no está peleando; cuando era alcalde traía pleito con el gobernador [con Eugenio] y ahora, como gobernador, se pelea ferozmente con el presidente”. En una ocasión me dijo una fuente algo muy fuerte: “todos los tamaulipecos sabemos muchas cosas del gobernador y de sus relaciones con el narco, pero también le tememos. Sabemos que es peligroso y que si te metes con él puedes terminar desaparecido, preso, o incluso te pueden matar una vez que te meten preso”.

En esta última parte es posible se haga alusión a un caso reciente cuando en 2018 secuestran al primo del gobernador, Eduardo Monge Castillo en Tampico. El crimen se le atribuye a Héctor Adrián Lucio Benavides, alias “La Yegua” o “El Penco”, jefe de plaza del Cartel del Golfo en Monterrey. “La Yegua” fue aprendido en Nuevo León y entregado a las autoridades de Tamaulipas en donde fue finalmente encarcelado y asesinado dentro del penal de Altamira con mucha saña y a puñaladas. Nadie sabe por qué ocurrió esto, pero algunos atribuyen la instrucción a Cabeza de Vaca para dar un mensaje contra quienes se “metan con su familia”. En un país donde no se investigan este tipo de ejecuciones extrajudiciales, muy posiblemente nunca se conocerá el móvil ni se identificará a los responsables.

Otro evento de gran cobertura mediática a nivel nacional, al que algunas fuentes vinculan al gobierno del estado fue el abatimiento de Juan Manuel Loza Salinas, conocido como “El Comandante Toro” y de Francisco Carreón Olvera, alias “Pancho Carrión”, en dos operativos de la Marina Armada de México. Cabe destacar la buena relación que tenían supuestamente Francisco Javier García Cabeza de Vaca y Vidal Francisco Soberón Sanz, quien fuera fue el Secretario de Marina en el Gobierno de Enrique Peña Nieto. Recordemos que Cabeza de Vaca fue el presidente de la Comisión de Marina en el Senado de la República. Algunas fuentes en el estado aseguran que los dos capos fueron los que más apoyaron al gobernador de Tamaulipas y así este último se deslindó de aquellos que pudieran comprometerlo o quizás extorsionarlo en el futuro cercano. Incluso pude leer en algunos medios informales locales (o blogs) que supuestamente Pancho Carrión era “compadre” de César Verástegui Ostos, cacique cañero de Ciudad Mante y Xicoténcatl, y actual Secretario de Gobierno del estado de Tamaulipas. Esto coincide con las declaraciones del morenista Alejandro Rojas Díaz Durán, quien recientemente denunció a Cabeza de Vaca por sus presuntos vínculos con el crimen organizado.

Se especula que los operativos en los cuales se abatió a Pancho Carrión y al Comandante Toro, pudieron haber sido una estrategia del gobernador para borrar cualquier vínculo directo con sus supuestos mejores aliados de la “familia tamaulipeca”. Algunos mencionan la posibilidad de un contubernio entre el Almirante Soberón y Cabeza de Vaca en este caso y me recuerdan del papel omiso del gobierno del estado ante las supuestas detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales que se atribuyeron a la Marina en 2018 en Nuevo Laredo.

En otros temas no menos importantes, se puede afirmar que Cabeza de Vaca es un tipo muy inteligente y astuto. De otra forma no hubiera llegado hasta donde está ahora. Incluso tenía aspiraciones [me imagino que en tiempo pasado] a ser candidato a Presidente de la República, abanderando al PAN. Para ser gobernador, Cabeza de Vaca operó una estrategia bastante exitosa. En primer lugar, apoyó fervientemente al “Pacto por México” y se alió con el presidente Peña Nieto para aprobar la reforma energética. Se dice también que su candidatura a gobernador en 2016 fue apoyada por Miguel Ángel Osorio Chong, quien tenía una rivalidad importante con Luis Videgaray, el cual sí apoyó al candidato del PRI, Baltazar Hinojosa. También estas son especulaciones, pero resaltan una relación supuestamente funcional entre el gobernador de Tamaulipas y el gobierno federal en tiempos de Peña Nieto.

Otra parte de su estrategia—que pareció haberle servido mucho al hoy gobernador—es su excelente relación [rayando en lo servil] con los Estados Unidos y con las grandes empresas extranjeras del sector energético operando en Tamaulipas. Su relación con el vecino país del norte y sus agencias de seguridad fue extraordinaria [“fue” porque parece que pronto podría cambiar]. En general, se puede decir que Cabeza de Vaca fue un fiel servidor de Estados Unidos, particularmente desde que fue Senador de la República y participó en la comisión de Energía. Estudió en Houston y McAllen y tiene nacionalidad estadounidense. En su campaña se quiso vender, con sus aliados texanos, más como estadounidense que como mexicano. Se ha fotografiado con Nancy Pelosi; es amigo del Congresista de Laredo Henry Cuellar; ha realizado giras de trabajo poco convencionales a Washington y Nueva York para reunirse con todo tipo de autoridades sin coordinarse aparentemente con el gobierno federal. Raro que el gobernador de Texas nunca lo haya recibido o visitado; quizás esté enterado de la mala fama y las alegadas malas compañías de su homólogo mexicano. ¡Todo un personaje ese Cabeza de Vaca! Lo que sí resulta preocupante es que, sin seguir los protocolos y sin respetar competencia ni autoridad en temas de ámbito federal, el gobernador de Tamaulipas colabore con agencias federales estadounidenses—como en la “Campaña de Seguridad y Prosperidad”—para proporcionar información sobre narcotraficantes y miembros de la delincuencia organizada a Estados Unidos sin coordinarse con las agencias federales Mexicanas [para mayor información sobre este asunto véase: https://www.texasmonthly.com/news/hotline-stop-cartels/].

Entonces, más que la denuncia de Lozoya Austin, pesan sobre el actual gobernador de Tamaulipas muchas otras acusaciones y escándalos graves. Lo que descubriremos más adelante es si hay denuncias con respecto a estos casos y se lleva a cabo un proceso formal. Pareciera ser que se está investigando en Estados Unidos también, pero el resultado no es nada claro aún. Lo de Lozoya es en realidad lo de menos. García Cabeza de Vaca pareció apoyar siempre la reforma energética. Comentan los que saben que “no era necesario otorgar jugosos sobornos a todos esos legisladores panistas con el objeto de comprar sus votos para apoyar la reforma”. Había que asegurarse (sí), pero todo parecía ser un intercambio entre socios de la misma ideología [vendepatrias]. “Tú me apoyas y yo te deposito en tu cuenta porque eres mi amigo, mi aliado; estamos juntos en esto”. Por su lado, “los aliados de la reforma parecen no haber rechazado el gesto amistoso del gobierno del PRI”. De esto también necesitamos ver las pruebas, si es que las hay.

No creo que el gobernador vendiera caras sus simpatías. En realidad, él ha sido el principal promotor y operador de la reforma energética en el estado. Además, y esto sí me consta, brinda protección y seguridad con cuantiosos recursos estatales a diversas compañías extranjeras que invierten y operan en Tamaulipas. El gobernador es generoso con sus socios y con la prensa estadounidenses. Quien fuera enlace entre el gobierno del estado y las compañías de energía texanas con sede en San Antonio, Nelson Balido, le proporcionó acceso a algunas de estas empresas en San Fernando a un colega periodista estadounidense que cubría cuestiones de energía. Yo pensaba acompañar a mi colega para hacer un trabajo documental y verificar mis hipótesis de trabajo. No sabíamos que el gobierno de Cabeza de Vaca brindaba ese nivel de seguridad a las empresas de energía extranjeras. Nada tendría eso de malo si el gobernador brindara ese mismo nivel de seguridad a sus propios ciudadanos. Desafortunadamente no es así. Me pareció por demás inadecuado.

Y para no hacer el cuento más largo, cuando se enteraron de yo también tenía planes de ir [ojo: yo no sabía de papel del gobierno de Tamaulipas dando seguridad a las empresas], Balido le dijo a mi contacto que yo no podía viajar con ellos en esa ocasión [yo creo que porque siempre he sido ferviente crítica de ese gobierno]. Dijo que en esa ocasión yo no podría acompañarlos, pero que me ofrecerían un tour a mí en lo personal con alguna autoridad del gobierno del estado con competencia en el tema de seguridad. Por su puesto decidí no aceptar esa propuesta. Había escuchado tantas cosas que me dio miedo. No quería tener relación alguna con quien dicen muchos en el estado es la “Cabeza de la Familia Tamaulipeca”. Son tantas y tan graves las acusaciones, y vienen de tantas fuentes, que mejor decidí tomar mis precauciones.

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Por Guadalupe Correa-CabreraGuadalupe Correa-Cabrera es Profesora Asociada en la Universidad de George Mason (Virginia, EEUU) y se encuentra afiliada al Woodrow Wilson Center en Washington, DC y al Centro México del Baker Institute en la Universidad de Rice. Es autora del libro Los Zetas Inc. (Editorial Planeta, 2018).

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