Columnas

Miedo y autoritarismo

Luis Armando Vargas Torres

El inquisidor


La historia de la humanidad es prolífica en ejemplos de cómo se manejan las masas a través del miedo y la duda, en su libro “Psicología de Masas del fascismo”, el psicólogo alemán favorito de Hitler, Wilhelm Reich, es muy claro al describir cómo se maneja a las masas a través de tres instituciones, la familia, la religión y el Estado.

Esto a mediados del siglo pasado operaba perfectamente, las leyes estaban hechas para proteger a la familia, era súper difícil divorciarse si no había causales de divorcio, aún la Iglesia tiene sus reglas: “Hasta que la muerte los separe”, la infidelidad estaba penada, la homosexualidad te llevaba al infierno y el mismo Estado te recluía por faltas a la moral.

La sedición como la llevan los golpistas actuales era penadísima con ley fuga, la traición a la patria se castigaba con pena de muerte, eran formas de control social, hay un libro que recomiendo: “Diálogos en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”, de Maurice Joly, en el que se habla de la creación de muchos partidos para quitar fuerza a los opositores, el control de la prensa, el engaño a través de las creencias y formas de gobernar a través del miedo y la duda.

Lo acontecido en los Estados Unidos en Minneapolis, donde un policía blanco usando barbarie policiaca sega la vida de un afroamericano de nombre George Floyd, acusado de haber pagado con un billete falso, que a la postre resultó verdadero, demuestra el grado de enajenación y terror en que se tiene sometida a la sociedad americana, en la que los Derechos Humanos sólo cuentan para los poderosos, en la que el racismo y la xenofobia hacen presa de sus cuerpos policiacos.

“La forma como murió no tiene sentido”, afirma Harris uno de los amigos de Floyd que lo acompañaba el día de su muerte.

“Rogaba por su vida. Suplicaba por su vida. Cuando te esfuerzas tanto por confiar en este sistema, un sistema que sabes no está diseñado para ti, cuando constantemente buscas justicia por medios legales y no puedes lograrla, entonces comienzas a hacer justicia por tu propios medios”, dijo.

Ahora el sistema policial y de justicia tiembla, las manifestaciones que se realizan en 50 ciudades de la Unión Americana a pesar de la pandemia son espectaculares, ciudadanos de todas las razas han hecho causa común, buscan acabar con el sistema policiaco a que son sometidos, porque a diferencia de México y otros países de Latinoamérica, el ciudadano estadounidense no es libre ni en su casa, hasta donde llega la policía y te mata aduciendo defensa propia.

Lo cierto es que los protocolos de actuación de las policías están fincados en la seguridad del agente, olvidando el debido proceso violentando los derechos humanos que establece la cuarta enmienda de la Constitución de los Estados Unidos protege dos derechos fundamentales: el derecho a la privacidad y el derecho a no sufrir una invasión arbitraria. La pesquisa es el procedimiento en el que un funcionario o agente del gobierno viola una expectativa razonable de privacidad.

La muerte de Floyd y el abuso insensible del policía de apellido Chauvin que mantuvo su rodilla por ocho minutos sobre el cuello de la víctima incrimina a todos los policías presentes y demuestra la cobardía de los ciudadanos que no protestaron porque están muy adoctrinados para la obediencia ciega, limitándose a filmar.

La reacción ciudadana es entendible, la cuarentena prolongada y la irritación de carecer de empleos los ha vuelto a la cruda realidad, son ciudadanos como el resto del mundo, no son la mejor nación como se les ha hecho creer y también padecen carencias que se agravarán de no cesar esta pandemia.

El internet ha hecho lo suyo, en la década de los 80 me sorprendía que muchos estadounidenses padecían incultura e ignoraban dónde quedaba México, ahora basta meterse a Google y hasta un niño de kínder te dará información.

El centro de la pandemia mundial son los Estados Unidos, las disputas de su presidente con el resto del mundo no abonan en nada, también quedaron obsoletas las guerras como forma de ganar popularidad, a ningún ciudadano racional le interesa lo que pase con otras naciones, sufren en carne propia el encierro, la pérdida de empleo y claustrofobia, está en peligro la reelección y eso los demócratas lo saben.

Trump abrió un frente con las redes sociales Facebook, Twitter y Google, propuso hacer modificaciones a la ley que les obligará a dejar las publicaciones de los usuarios sin vetarlas, porque: “Cuando las grandes y poderosas compañías de redes sociales censuran las opiniones con las que no están de acuerdo ejercen un poder peligroso”. En parte tiene razón porque esas compañías trabajan para poderes fácticos y te censuran.

Sin embargo, los hackers de Anonymus ya hicieron de las suyas y muchas cuentas fueron exhibidas incluidas las del presidente, probable coincidencia, por lo que se debe ordenar revisar los protocolos de actuación de sus cuerpo policiacos buscando la seguridad de las personas no la de los policías, el enemigo potencial está en casa, más vale asegurar al tigre.

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