Columnas

El perjuicio del prejuicio.

FORTINO CISNEROS CALZADA

Alumbrar los acontecimientos de este siglo XXI con la vacilante llama de la lámpara, vieja y oxidada, del tiempo que condujo a la humanidad a permanecer enajenada e indolente ante los duros embates del becerro de oro, que todo lo pervierte y contamina, es absurdo. El camino que lleva a Nueva York, lleva a Nueva York, no a París ni a Londres. Escupir al cielo no tiene otra consecuencia que el rostro cubierto de esputo. No pueden esperarse resultados diferentes siguiendo las mismas fórmulas de frutos fallidos.

Desde que fueron establecidas en Suecia, Suiza y Japón las tasas negativas de referencia para evitar la acumulación de la riqueza, promover el consumo y estimular la circulación monetaria, en este espacio se dejó en claro que si el resto de los países, incluyendo los de la Unión Europea, que establecieron una tasa cero de interés, no se aplicaban medidas semejantes, sobrevendría una crisis de proporciones tan dramáticas que superaría cualquier otra. Esta ya está aquí y la Reserva Federal de los Estados Unidos intentó paliarla con una reducción de las tasas de referencia para situarlas entre el 0 y el .25; pero, no.

El daño ya está hecho y no va a solucionarse con las recetas de siempre. Al echar a volar las máquinas de hacer dólares, no se está haciendo otra cosa que debilitar esa moneda y fortalecer la posición de los acumuladores compulsivos. No ganarán durante la debacle económica que afectará radicalmente a los productores; pero, tampoco perderán y es posible que sigan dominando las actividades económicas en cuanto pase la contingencia. Hacer más dólares para generar deuda, hará más ricos a los ya súper ricos.

De ahí la demanda de los potentados y las huestes fascistas que les dan un baño de pueblo, porque el Estado mexicano posponga o cancele los compromisos fiscales de quienes ya tienen en los bancos las fortunas que ganaron durante el año fiscal previo. Quieren que el gobierno acepte la generosa oferta del banco central del vecino quien ofreció un crédito swap (crédito con el compromiso de recompra en una fecha determinada y a un tipo de interés, pactado en dólares) por 60 mil millones de dólares y que, además, rompa el ejercicio responsable del presupuesto aprobado, a fin de crear un déficit primario.

Por fortuna, los asuntos del país están conducidos por personas altamente capacitadas, con un sentido patriótico riguroso y una honestidad acrisolada. Saben, como lo saben los expertos en economía, que al atender los reclamos de los dueños de los grandes caudales se ahondaría más en la fosa donde se quiere enterar el proyecto de nación que brilló en la escena mundial con su apuesta a la justicia social durante la mayor parte del siglo XX. 

Pero, se entienda o no, ha llegado la hora de que el dinero cueste menos que los requerimientos para una vida sana, plena y productiva. La propuesta no es nueva ni tiene que ver con la caridad; viene desde muy lejos, desde que la crematística planteada por Tales de Mileto como el arte de hacerse rico, de adquirir riquezas, fue definida por Aristóteles, como una actividad contra natura que deshumaniza a quienes se dedican a ello. Tres siglos después, en ese sentido, Jesús corrió a los mercaderes de templo.

Más recientemente, el economista alemán Silvio Gesel en su libro El Orden Económico Natural, hace la propuesta y defiende el proyecto de instaurar una ´libremoneda´ consistente en crear un dinero que no conservara su valor a lo largo del tiempo, sino que se degradara como el resto de bienes. Mucho se ha debatido al respecto y, en general se le tilda de carente de sustento, sobre todo cuando propone que el dinero y los bienes y servicios que con él se adquieren tengan una variación general de +/- 5 por ciento.

El número de países que ofrece una renta básica universal a su población, costeada con los recursos fiscales que aportan los más favorecidos, va creciendo. Ya la hay en Finlandia, Holanda, Canadá, Escocia y últimamente en Francia. En México se elevó a rango constitucional la renta básica para sectores vulnerables; pero, los causantes fiscales mayores se resisten a cumplir con sus compromisos. Siguen esperando que el gobierno los rescate una vez más, les condone impuestos o los aplace por medio del crédito y el déficit fiscal. Siguen considerando la evasión fiscal como un deporte de listos.

Ante ello, es posible que la única salida sea la implementación de las tasas negativas de interés para que los richachones saquen el dinero de los bonos, de los bancos, de los paraísos fiscales, y lo pongan a trabajar en la generación de empleos bien remunerados y la creación de bienes y servicios suficientes y eficientes.

Y que la gente de buena voluntad abandone los prejuicios y la pereza que conduce a la ignorancia. Hay que leer.

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