Columnas

El Cumpleaños del Perro | La vida

JUAN JOSÉ GONZÁLEZ MEJÍA

La vida es una función química, apuntó Antoine de Lavoisier.

Y también la vida es una malhadada circunstancia política, si no recordemos cómo murió el llamado padre de la Química moderna: decapitado durante la Revolución francesa.

La vida es sueño, palabras de Calderón de la Barca que se hilan a los versos prehispánicos donde vida, muerte y el estar en este mundo era apretujado a lo efímero y donde la revisión de lo relativo combatía en hálitos del oxímoron.

La vida es aquello que sucede mientras vivimos la nuestra, reza un dicho antiquísimo chino. Aunque el puente entre la vida y el amor puede resultar atrayente. Las líneas del bolero de Álvaro Carrillo al respecto son sublimes: “Quien no ha amado/ que no diga nunca/ que vivió jamás”.

La vida es, antes que nada, tiempo, la materia de la que estamos hechos. En este sentido, Eliseo Diego sorprende con la última línea de su poema Testamento: “… Decido hacer mi testamento. Es este: le dejo el tiempo, todo el tiempo”.

Claro, si nos acercamos a Shakespeare donde, como se dice, todo se encuentra, el “ser o no ser” resulta inobjetable, pero poniéndonos en ese tono, el gran José Alfredo Jiménez no anda errado al espetar su sesudo inicio aquel de “No vale nada la vida/ la vida no vale nada,/ se nace siempre llorando y así llorando se acaba”.

La vida se nos va viviéndola, verdad buena. Berkeley sostenía que la materia no existía, que todo estaba en nuestra mente, al igual que Omar Khayyam cuando señalaba que al morir, el mundo también muere con uno.

La vida es palabra. Se es cuando se nombra, se deletrea. En el Evangelio de San Juan está lo esencial: “En el principio era el verbo”.

En términos del razonamiento científico, la vida “es la dilación en la difusión o dispersión espontánea de la energía interna de las biomoléculas hacia más microestados potenciales”.

Si para Aristóteles la vida es “una actividad”, o sea tránsito, nada mejor que los versos de Antonio Machado para concluir: “Caminante, no hay camino,/ se hace camino al andar”. Pero, a la manera de Derek Walcott: celebrándola:“Recoge las cartas del escritorio,/ las fotografías, las desesperadas líneas,/ despega tu imagen del espejo./ Siéntate./ Celebra tu vida…”

Fuente: El sol de Tampico

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