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‘¿Y dónde estaba Olguita?’

MÉXICO BRAVO… Por Alberto Ídem.

«¿Y dónde estaba Olguita?»

El próximo día 15 de este mes, para ser precisos ya por la noche, se cumplirá exactamente un mes de que una joven y bella capitán de vuelo mexicana, ahora exempleada de una aerolínea surgida en la época foxista (y cuyos dueños son los descendientes del expresidente Miguel Alemán Valdez), cometió el mayor error de su vida: publicar en su cuenta personal de Twitter que le parecía buena, no en esos términos pero la idea era esa, la idea de que cayera, justo en ese momento, una bomba en la Plaza de la Constitución, que se hallaba a esa hora llena para la ceremonia del tradicional Grito de Independencia. Nunca lo hubiera hecho: con sobrada razón comenzó, a partir de ese instante, un paradójico bombardeo contra su persona a través de todas las redes sociales, y los ataques iban desde la simple y sana, pero no por ello menos furibunda crítica por lo que había ella publicado, hasta la peor y más agresiva cuanto atemorizante de las amenazas a la piloto. Denostaciones, insultos, burlas, ventilación de su información personal privada y exigencias de una investigación, de que la despidieran, de que la inhabilitaran para siempre como aviadora, de que le dieran cárcel, llenaron espacios y espacios en las cuentas y grupos de Twitter, facebook, WhatsApp y demás redes de internet. En una semana la chica había perdido ya, en efecto, su empleo. Lo que en casos como el del gobernador de Puebla es considerado por la 4T como simple «Pecatta Minuta» (hacer desafortunados comentarios muy particulares que implican la muerte de personas, y en el caso del mandatario se trata inclusive de decesos reales), en tratándose de la impertinente dama se convirtió en un virtual linchamiento público que traspasó el mundo etéreo de las redes sociales y la marcó, ante toda la sociedad de su país, como poco menos que la peor de las personas, aparte de que llevó a la hoguera, en esta plaza pública de las hipocresías que es el mundo del «Gran Hermano», toda su costosísima carrera como capitán de vuelo. Y si todo eso, señores, no fue violencia de género por las redes sociales, este columnista, francamente, no sabe qué cosa lo será. Pero sobre todo queda la pregunta: ¿dónde estaba la gran impulsora de una eventual nueva ley contra ese tipo de agresiones? ¿Dónde se hallaba la diputada federal del Partido Encuentro Social, y por ende también de la 4T, representante de Tampico y Ciudad Madero, Olga Sosa Ruiz…?

Este sábado se cumple medio mes del fallecimiento del llamado «Príncipe de la Canción», José José. La muerte del otrora gran cantante entristeció a mexicanos y habitantes de otros países latinoamericanos por igual, como también a su descendencia, dividida en 2 ramas de un árbol genealógico. Una integrante de esa familia, de dicha prole (así llamaban nuestros abuelos a los «críos» o progenie), es la Srita. Sarita Sosa, radicada en Miami, Florida (donde murió su papá), pero mexicana, como los otros dos hijos del difunto artista. El mismo día en que falleció José Sosa, la señorita Sarita ya era objeto de polémica y ataques vía internet, vía redes sociales, de todo tipo, ya que ella misma había propiciado salir a relucir como la hija que impedía se supiera el paradero del cadáver de «El Triste», y aunque a media semana ya estaba ella revelando el sitio exacto de los restos del baladista, y reconciliándose con sus «medios hermanos», la ola de publicaciones, «memes», insultos, condenas, exigencias y hasta amenazas hacia su persona, por el mismo medio del ciberespacio, ya se habían convertido en una auténtica avalancha que a la fecha no termina de colocarla a ella como «la mala de la película». Y otra vez surge la interrogante: ¿dónde estaba usted, legisladora Olga Sosa, con su muy feminista bandera de la heroica defensa legal de la violencia de género en redes sociales, como la gran causa que persigue ya con una iniciativa de ley en ristre…?

Y aquí el más reciente de los casos para la superheroina del Congreso en potencia: una homóloga suya acaba de ser atacada por la misma vía, la de las redes sociales, y hasta amenazada directamente por un congresista «macho»: el siempre controversial Fernández Noroña, quien azuzó, arengó a las masas a «chingarla», así, sin más. Y es hora que la representante de Tampico y Madero en la cámara baja sigue sin decir «esta iniciativa es mía». Es fecha en que uno se sigue preguntando: «¡¿Dónde estás, Olguita Sosa…?!

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