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Altamira :Presidente derrochador Pueblo sumido en miseria

En pobreza extrema 4 de cada 10 altamirenses

Por Mauricio Fernández Díaz

Completa insensibilidad del alcalde Armando Martínez

Ciudad Victoria.- En Tamaulipas, hay ciudades angustiadas por la delincuencia y la pobreza; también, hay ciudades angustiadas por la delincuencia, la pobreza y un gobierno inepto, como Altamira.

Las dificultades comienzan con su geografía: 1,666 kilómetros cuadrados de extensión, pero cerca del 60 por ciento de sus residentes se concentra en los límites de Tampico y Ciudad Madero. Quedan así zonas demasiado separadas del centro urbano, y hay comunidades tan aisladas de las que pasan días sin saberse nada de ellas.

Altamira no hace más que crecer: de 2010 a 2020, la población aumentó 27 por ciento, y hoy cuenta con 269 mil 790 habitantes. Esta expansión rebasa la demanda de infraestructura, ya que suelen faltar servicios públicos, escuelas y medios de transporte en sus 297 asentamientos.

Es uno de los principales puertos industriales de México, con una inversión extranjera directa de 1,123 millones de dólares en 2021, pero esta derrama no cubre lo suficiente a la población, entre otras causas, por la falta de personal calificado y la escasa educación. Económicamente, 37.8 por ciento de su población se encuentra en pobreza moderada y 10.5 por ciento, en pobreza extrema.

Un territorio así necesita una autoridad municipal visionaria, responsable, instruida, con ideas y método para mejorar la vida de sus ciudadanos. Pero, en su lugar, tiene a Armando Martínez Manríquez.

Todo es posible ahí donde la ley no provoca respeto ni temor. Esto se puede constatar en el fraccionamiento Olivos 1, en el sector Altamira, donde los vecinos reportan a diario robos en sus domicilios, desaparición de objetos o muebles que dejan en sus cocheras. Y cuando faltan objetos que robar, se llevan las lámparas de alumbrado público. Los habitantes del fraccionamiento Unidos Avanzamos, de familias en situación de pobreza, contabilizan hasta cuatro robos a la semana en sus casas. Faltan módulos de seguridad o están clausurados, y no hay un plan municipal para recuperar el orden y la paz.

Decíamos que los altamirenses no aprovechan la riqueza de las inversiones asentadas en el puerto industrial por la falta de preparación y habilidades de sus habitantes, principalmente los jóvenes. Y el problema persistirá por mucho tiempo cuando se examinan las necesidades educativas. Actualmente, 12 escuelas primarias que volvieron a clases laboran sin energía eléctrica. ¿Y las lecciones de cómputo? Quedan 30 planteles por integrarse a la actividad después de la pandemia, pero en todos hacen falta reparaciones en ventanas, aulas, baños y canchas. Harán una revisión para ver cuántas carecen del servicio de agua. De acuerdo con la plataforma Data México, solo el 15.9 por ciento de la población cuenta con licenciatura; la mayoría, el 31.3 por ciento, tiene estudios de primaria. Con Armando Martínez, ¿cambiará algo de aquí al 2024?

En Altamira, el sector primario es fundamental para la economía local. Cuenta con 48,000 hectáreas de superficie cultivada, y los principales productos son la soya, el sorgo y el maíz. De su vasta extensión, el 80 por ciento es agricultura de temporal, lo que deja a los productores al amparo de la naturaleza. Pero, en los últimos años, ha sido arisca con ellos. Se han declarado ya 1,200 hectáreas de maíz perdidas a causa de la sequía. De hecho, Altamira ya comienza a tener problemas de abasto de agua para consumo humano, a pesar de sus zonas lacustres. Los campesinos se preguntan dónde está Armando Martínez.

Por su ausencia de ley y su lejanía con los centro urbanos, Altamira es un lugar favorable para delinquir o para burlar la justicia. En años recientes ha prosperado el robo de gasolina o huchicoleo a causa del poliducto de Pemex que corre paralelo a la carretera federal. Nadie vigila, ni previene, ni protege. Altamira ocupa el séptimo lugar nacional en huachicol, con un total de 186 tomas clandestinas, de acuerdo con las autoridades federales. El peligro de una explosión siempre está presente debido a los caminos solitarios que atraviesan el municipio. También se corre el riesgo de desalentar la atracción de nuevas inversiones, ya que las empresas no ven un plan estratégico para contener estos robos, y sienten una mayor exposición a la inseguridad de sus operaciones. Si Martínez Manríquez no sabe hacer casi nada en asuntos de orden municipal, es infructuoso pensar que se preocupe por esto.

La última vez que el apellido Martínez Manríquez sobresalió en la prensa y fue tendencia en redes sociales se debió al escándalo de Anel, hermana del alcalde, quien se exhibió con su prometido en el concierto del internacional Francisco Céspedes, en el Gran Salón del Hotel Hotsson, donde solo la entrada tenía un costo de 2,500 pesos por persona. A la velada de lujo agregó tres días de fiesta con banquete, mariachis y regalos, solo para sus amigos y familiares. Los altamirenses no se cansaron de descargar su rabia por esta ostentación de poder y desvergüenza.

Así, toda la evidencia indica que el municipio de Altamira le queda grande al profesor Armando Martínez Manríquez, y los problemas enumerados arriba solo pueden empeorar si no llega una persona capaz a tomar el liderazgo de la administración pública local.

Es tan frágil su situación política y financiera que algunos sospechan una traición de su parte a Morena para granjearse al PAN, con el fin de obtener inmunidad en el Congreso del Estado, dominado hoy por los panistas.

En ambos casos, las únicas víctimas serán las familias altamirenses.

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