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«¡Él es buena niñaaaa…!»

MÉXICO BRAVO… Por Alberto Ídem.

«¡Él es buena niñaaaa…!»

Es la frase que según lo que me platicaba mi compañero Alvírez*, cada vez que venía a cuento y cuando ambos trabajábamos aún en aquel canal de televisión por cable, le soltaba a él, para referirse al comunicador que fuera y de cualquier medio informativo, el también comunicólogo que llegó a colaborar en esa misma empresa por los años en que el antes mencionado y quien esto escribe teníamos ahí ya más de una década: Mario Miranda. Que si Zambrano, «¡Él es buena niña!»; que si el del programa de cocina, «¡Él es buena niña!»; que si éste o aquél, «¡Él es buena niña!». Mi excompañero que laboró en la cablera como camarógrafo me decía muy en serio y hasta casi molesto que Miranda solía ser de esos gays no solamente abiertos y desinhibidos, sino además verbalmente venenosos para asegurar que todo hombre del que se hable tiene las mismas preferencias que ellos. Por venganza, despecho o haber sufrido un desprecio, para ese tipo de gays todo hombre es también un gay. Mi amigo Alvírez tuvo por encargo en muchas ocasiones salir a camarearle a Miranda, y éste se solía explayarse a rigor con esa odiosa frasesita que terminaba haciendo una caricatura estereotipada del gay, pero rubricada irónica y justamente por un gay: «¡Él es buena niña!».

Miranda me preguntó un día, cuando terminaba la emisión de un noticiario que yo conducía, si lo podía yo ayudar impartiéndoles un taller de periodismo televisivo a los integrantes de un grupo vocal compuesto por 6 jóvenes, tres señoritas y tres muchachos, que promovía él por aquel tiempo: el año 2009, más o menos, y que se llamaba «Viva Voz». Miranda había hecho ya cada año, en varias ocasiones, un concierto musical con ese título, y esa vez acababa de lanzar el concepto como un sexteto que tenía la meta de ser conocido a nivel nacional. Recuerdo que hizo «show grande» y toda la cosa para anunciarlo: ofreció una rueda de prensa en el sótano del Espacio Cultural Metropolitano cuando la directora de Cultura en Tampico era Katy Marón, y Miranda hasta lloró según de sentimiento al estilo «Casa de Big Brother» durante esa conferencia informativa. En fin, que tuve el gusto de conocer a las chamacas y chamacos del mentado «Viva Voz» no solamente en esa rueda de prensa, sino por la simple razón de que les impartí el citado taller durante algo así como tres o cuatro días, y fue en un edificio ubicado casi al lado del edificio donde estaba Telecable en ese entonces: sobre el bulevar López Mateos, en la colonia Unidad Nacional de Ciudad Madero.

Miranda me dio una gratificación económica bastante simbólica para haber sido un trabajo serio de varios días, pero considerando que era un compañero también de la cablera, para mí no hubo «cuete». Luego ya no se supo mucho del proyecto «Viva Voz», y yo no tuve más noticias tampoco, puesto que a Miranda le dieron las gracias de Telecable al poco tiempo, pero ya cuando había pasado algo así como un año, o un poco más, me encontré a Valeria, una de las chicas del grupo aquel, y al preguntarle qué había sido del mismo, me pidió hablar con ella y los demás integrantes en casa de una de ellos, ya que necesitaban el consejo de alguien mayor para lo que pensaban hacer: denunciar a Mario Miranda por acoso sexual en agravio de los tres jóvenes que formaban la mitad del sexteto. Me pareció no sólo un asunto muy delicado, como se había referido al mismo la chica, sino incluso grave, por lo que no pude negarme ante tal petición. Fui a hablar con los seis, como me lo pidieron, y ahora sí que de «viva voz» escuché toda su versión. Básicamente se trataba de una historia de hostigamiento contínuo por parte del señalado que, al no obtener la respuesta deseada, terminó «corriéndolos» a todos ellos de «su proyecto». Lo único que pude entonces aconsejarles fue que se buscaran un muy buen abogado y que se lo revelaran todo a sus padres, de quienes, estaba yo seguro, recibirían total apoyo. Nunca supe si finalmente interpusieron o no la denuncia, porque tampoco volví a tener contacto con ellos.

Hace cosa de un año y medio, poco antes de que la policía arrestara a Mario Miranda, mi amiga Berenice, la locutora (una de las múltiples Berenices locutoras que hay en la conurbación sur de Tamaulipas, de las cuales varias son amigas mías), se comunicó conmigo telefónicamente bastante mortificada porque el mencionado Mario Miranda había comenzado a emprenderla en contra de ella a través del facebook, donde la estaba injuriando y tratando de denostarla con los peores agravios. Berenice se escuchaba de verdad preocupada, así que traté de tranquilizarla haciéndole ver que debía tomar aquello de quien venía, y que ese señor se la vivía peleándose con casi todos los que llegaban a trabajar con él. Bere lo constató, pero además recibió el apoyo solidario de la mayoría del gremio de comunicadores. Y a los dos meses: ¡purrum! Detienen a Mario Miranda. Recuerdo que estando yo aún en Telecable, él iba de vez en cuando a visitar a mi entonces jefa inmediata, y le presumía orgulloso que en el programa «La Voz México» estaba saliendo su «pupilo», Luis Armando, originario de Tampico. Mi entonces jefa me platicaba ya luego que Mario le aseguraba tener una relación con el cantante aquel, y cuando yo le decía a ella que tal vez eran puras habladas del tal promotor, que se caracterizaba por «hociconear» de esa forma, ella se carcajeaba y me respondía en tono sardónico: «¡¿Cómo crees? ¡Él es buena niña!».

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