Del miedo a la ira

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Ramón Cantú Deándar

La actitud del gobernador Francisco Cabeza de Vaca muestra un pobre ser humano, que no es lo mismo que un ser humano pobre. Hay personas humildes que son ejemplo de valor, honestidad y dignidad.

La pobreza de este gobernante es pobreza espiritual, aunque viva en palacios bañados en oro. De su interior salen odios y en su transtornada cabeza hay enajenamiento mental.

La degradación política que padece este gobernante causa daños irreversibles a todo un pueblo que sufre embestidas de tal comportamiento patológico.

Como ocurrió con el PRI-AN, intentan prostituir la democracia, se resisten a un cambio que llegó por mandato del Pueblo de México.

En mi opinión, los mexicanos no habíamos disfrutado de una democracia real desde la elección de Francisco I. Madero, el apóstol de la democracia.

Esos gobernantes retrógrados no quieren entender que ya murió el neoliberalismo. La nueva era ha dado luz a un gobierno más humano, de regeneración y renacimiento.

Con métodos gangsteriles, han amenazado a la libertad de este periódico. Afirmó que nos va a desaparecer, y a su servidor a ‘empapelar’, meter a la cárcel -desconocía ese término-.

Sin embargo, está muy equivocado porque este periódico -en sus casi ya 100 años- ha sobrevivido a atentados, auditorías, amenazas de los malos gobiernos a los que ha exhibido por la corrupción, nunca antes vista con tal claridad como ahora.

En la historia del periódico jamás habíamos visto que lucraran como ahora, sin medida, con la salud y la educación del pueblo, que son sagradas.

Insistimos en denunciar que las supuestas “guerras contra el narcotráfico” no son más que distractores para la opinión pública. Quieren seguir saqueando el dinero del Pueblo, sin reclamos -y como el PRI en su tiempo-, poner a cuota al crimen organizado. ¿A quién le importa las raterias del Alcalde?, me pregunto, si lo único que queremos es llegar a salvo a casa.

Sabemos de los fuertes intereses que tiene con petroleros extranjeros y el régimen del PRI-AN; sin embargo, se les cayó el negocio con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador.

Del miedo pasan a la ira y la locura.

Si hay algo a que temerle, es a un cobarde.