El Pentágono dijo que los soldados, muchos de los cuales portan armas, no planean usar fuerza letal contra los migrantes a menos que sea absolutamente necesario. Es decir, si son atacados se defenderán. Las tropas tienen autorización de disparar en casos de peligro inminente de muerte o daño físico grave (30/10/2018 The Washington Post).Ni soldados ni patrulleros pueden cruzar la frontera con México sin violar la soberanía nacional y tratados internacionales. Sin embargo, la situación puede salirse de control. Es de esperarse que los encontronazos entre civiles y patrulleros escalen. Reportes de la zona indican que es fácil toparse con al menos un incidente hostil al mes. Los patrulleros, mayormente hispanos, pueden ser prepotentes, abusivos y machistas. Cuestión de recordar el triste caso del agente fronterizo que disparó y mató a un menor de edad mexicano que arrojaba piedras desde la otra orilla del río.

Al ser interrogado por un reportero si existe la posibilidad de “disparar” contra los migrantes, Trump respondió que si arrojan piedras será considerado un ataque con arma de fuego. Informó haber instruido a los soldados que consideren las piedras como rifles. Horas después, Trump se retractó. Aclaró que los migrantes que arrojen piedras serán arrestados (01/11/2018 The Guardian).

En febrero del año pasado, John Kelly, jefe de gabinete de Trump, se molestó con la prensa mexicana por reportar correctamente que Estados Unidos no descartaba usar a los militares contra los migrantes. “Quiero dejar claro también que no habrá uso de las fuerzas militares en operaciones migratorias”, declaró en la Ciudad de México, cuando todavía se desempeñaba como Secretario de Seguridad Interna (EFE 23/02/2018).

El destacamento de tropas a la frontera es una agresión en tiempos de paz. Un acto de hostilidad y enemistad. Trump lo hace porque puede. Sabe que no hay costo político. En abril pasado, el Gobierno de Peña se hizo el ofendido luego de que Trump enviara más de dos mil efectivos de la Guardia Nacional a la frontera para frenar a la primera caravana de centroamericanos. Ordenó la revisión de los programas bilaterales de cooperación dizque para considerar suspender algunos. La Cancillería mandó llamar a la que todavía era Embajadora de Estados Unidos en México para pedirle explicaciones. Pero no pasó nada. Humo para consumo interno. Esta vez ni eso. Peña y Andrés Manuel López Obrador no han dicho absolutamente nada sobre la masiva presencia de soldados —la más numerosa desde la incursión contra Villa- tocando las puertas de México.

Con un presidente errático como Trump casi nada se puede descartar. No importa que hayan pasado las elecciones intermedias. Trump está en campaña por la reelección. La migración seguirá siendo su arma electoral. La frontera es una bomba de tiempo a la espera de estallar. Es fácil anticipar quienes serán las víctimas.

Twitter: @DoliaEstevez

Fuente: SinEmbargo