¿Bastará con echarle ganas, y pensar en positivo?

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¿Bastará con echarle ganas, y pensar  en positivo?El voluntarismo ha cobrado, en los tiempos que corren, una fuerza que nadie pudo haber imaginado

Tal cual

ÁNGEL VERDUGO

05 de Septiembre de 2018

Dos de las frases más ridículas en relación con la gobernación, son las que no pocos suelen repetir a falta de argumentos: Hay que echarle ganas, y Hay que pensar en positivo. Carecería de sentido comentarlas de nadie pensar que en verdad sirven de algo ambas, pero en México —al menos—, es sorprendente el número de quienes creen en ellas; creen en ambas casi como acto de fe, como si fueren recetas mágicas para lograr atraer inversión o tasas más elevadas del PIB, por ejemplo.

En países donde el atraso educativo es parte de la ofensiva realidad, y donde la ignorancia es venerada y el conocimiento despreciado, el uso de aquellas frases —como recurso infalible para lograr avances—, es parte del costal que llevamos en la espalda desde hace siglos, lleno de frases cursis e inútiles.

Esas dos frases, recurso barato que deja ver el voluntarismo ramplón al cual somos tan afectos, ha causado daños que, por el uso tan extendido de aquéllas, no les concedemos importancia alguna. Si bien el uso se da entre particulares con miras a rebatir a quien califican de negativo o pesimista, se dan casos de gobernantes que coronan su voluntarismo chafa con una de aquéllas o con las dos.

La gobernación, como suelo decir, es en esencia tomar decisiones las cuales, las más de las veces son impopulares y dolorosas; ¿qué papel jugarían entonces, aquellos ejemplos de cursilería en una gobernación responsable? ¡Ninguno!

Sin embargo, el voluntarismo ha cobrado en los tiempos que corren, una fuerza que nadie pudo haber imaginado; en un número elevado de países, disímbolos entre sí, al apoyar los electores a candidatos populistas, no se dan cuenta del daño que se causan y tampoco juzgan objetivamente las baratijas que les vende el nuevo salvador.

Plantear soluciones fáciles y rápidas a problemas difíciles de vieja data, es la característica de todo populista; todo es cuestión de echarle ganas y pensar positivamente para que todo problema se resuelva. Además, no hay problema por complejo que fuere, que no pudiere ser resuelto con esas recetas dignas de algún síquico barato. También, ¿qué problema podría enfrentar un candidato populista, que no enfrente y resuelva echándole ganas, y pensando positivamente?

¿De qué se trataría entonces? ¿De dar el voto a quien afirme que, de ganar la elección y en cuanto tome posesión todos los problemas serían resueltos sólo con su llegada al gobierno? De dudarlo, repito: En cuanto tomare posesión, no habría problema alguno que no pudiere ser resuelto con la sola llegada del populista con su pensamiento positivo y por supuesto, echándole ganas.

¿Imagina usted a Ángela Merkel plantear, que los problemas por la migración que enfrenta Alemania hoy en día serían resueltos echándole ganas y pensando positivamente? Tome usted otra democracia y pregunte: ¿cómo le hacen en ese país para resolver la pobreza y la corrupción? ¿Echándole ganas en vez de aplicar la ley sin distingo alguno?

Finalmente, las cosas toman su nivel y la realidad aparece cuando el triunfalismo sin sustento exhibe lo que es: charlatanería pura. La ley y hacerla respetar por todos sin el menor distingo, es la herramienta non para enfrentar y resolver problemas de índole diversa en las sociedades democráticas.

México, con los defectos que guste usted adjudicarle a su democracia, ¿aceptaría a un populista iluminado como gobernante que afirmare, que su sola presencia resolvería cualquier problema?

La pregunta llega tarde, ¡ya lo aceptó!