La evidencia de la antiética política…

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Polvorín

 

José Ángel Solorio Martínez

Es la foto más dramática –hasta ahora- de todas las campañas electorales en Tamaulipas. Es una gráfica, oprobiosa y vejatoria para todo ciudadano libre. Es un documento, que genera náusea y desaliento a quienes vivimos y hemos conocido un municipio que tiene una grande historia en Tamaulipas y todo México. Es una mancha degradante, para sus ciudadanos que han impulsado y participado en memorables luchas sociales que forman parte de nuestro pasado heroico y glorioso.

Refleja, la necesidad del ciudadano más desprotegido –a tal grado de llegar a la ignominia- y la carencia de la más mínima ética y conmiseración de quienes lo utilizan como simple escenografía en un acto político.

Muestra, la ambición desmedida –del alcalde Diego Guajardo, socios y cómplices- por agradar a un candidato que prácticamente está fuera de la contienda por la presidencia de la república.

Exhibe, a un partido francamente angustiado por su futuro. Y mucho más, aterrorizado por su presente: un candidato lleno de lodo y un programa neoliberal que se alejó de las expectativas populares para echarse en manos de los mafiosos del poder.

Ostenta, una visión primitiva –sin dudar esa foto remite a los días del porfiriato, en que el ciudadano se veía como súbito o empleado del hacendado- del quehacer político. Y lo peor: cosifica a su militancia, al transformarla en un objeto de uso para sus fines más deplorables: el poder para beneficio personal y no para mejora de la comunidad.

En serio: Río Bravo y su gente no merece eso.

Esta vez, se excedieron.

Las décadas de desarrollo que poseía la ciudadanía –la más informada al votar del país: aquí se ha dado el voto reflexivo desde los años 60-, pretenden desaparecerla con esos abominables ejercicios de transporte electorero.

El ciudadano riobravense, en su mayoría –estoy seguro de ello- repudia esa fotografía que sólo despliega la carga ética del partido y los militantes que ordenaron insulto tal.

La mentalidad del riobravense, es mucho más que la avaricia de esos mercaderes de la política.
Ahí está la memoria:

¿Cómo olvidar aquellas movilizaciones de los años 60 por los derechos de los campesinos?

¿Cómo soslayar, las vigorosas manifestaciones de productores rurales en los 70, por cuotas de riego justas?

¿Cómo desconocer que riobravenses –Santiago Herrera, Elías Orozco y Benjamín Orozco- tomaron las armas para abrir caminos democráticos para el país en los años 70?..

¿Cómo cerrar los ojos, ante las dinámica participación de los riobravenses en los años 90 por la alternancia en el gobierno municipal?

¿Cómo excluir al talento artístico riobravense, que sigue recorriendo México y el mundo?..

Dios nos libre de esos bárbaros de la política.

Río Bravo, merece mejores gobiernos y mejores partidos.