GOBERNANTES QUE NO CUMPLEN Y SE SIENTEN DIOSES

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Una cosa ser candidato, otra gobernante

Tiempo de opinar

Raúl Hernández Moreno

Mil millones de pesos al año pagan al Seguro Social 36 maquiladoras y 38 mil trabajadores de Nuevo Laredo, a cambio de un servicio  plagado de deficiencias,  denuncia Salvador Rosas Quintanilla y ofrece que, de ganar la diputación  federal, se dedicara a  supervisar que se mejore la  atención por parte de esa institución.

Es indudable que con todas las deficiencias que pueda tener, el Seguro Social es una  tabla de salvación, para quien no tiene acceso a la salud privada, pero de que  debe mejorarse su servicio, es una exigencia de toda la vida.

El que puede pagar la salud privada, que lo haga, porque a fin de cuentas para eso es el dinero. Y si a los  usuarios del IMSS,  Chava Rosas les puede echar una mano, pues adelante.

Mientras tanto, el candidato del PRI, Juan de Dios Juanes Carrizales toma nota de que la queja de los universitarios recién  graduados, a los cuales el título se les vende  hasta en más de 13 mil pesos.

Dice que de ganar la  diputación  buscaría  regular el precio de los títulos  tanto para universidades públicas y privadas, para que disminuya el costo.

Tienen   razón los universitarios en sus quejas. Un trozo de papel, que ciertamente tiene un alto costo sentimental para cada  graduado, se vende muy caro y esto hace que muchos opten por no tramitar su título, no al menos  inmediatamente después de  graduarse.

En otro tema, una cosa es ser candidato y otra gobernante.

El candidato todo se permite. Para la mayoría  es muy fácil  ofrecer todo, desde bajar impuestos, mejorar la calidad de la educación, la salud, la seguridad, los salarios y un largo etcétera.

Ya como gobernante,  las acciones se determinan  en función de los recursos disponibles. Y lo mismo ocurre a nivel privado.

Cuando Enrique Kuauze era un jovencito, su padre  tenía un taller de serigrafía, enfermo y el hijo se hizo cargo del negocio. Lo primero que hizo fue convocar a los trabajadores para anunciarles que les incrementaba el sueldo a partir del siguiente pago, convencido de que a mayor salario,  mejores resultados de producción.

Las semanas pasaron y el taller empezó a tener dificultades para cubrir los pagos. Los propios trabajadores lo notaron, pidieron reunirse con su patrón temporal y le plantearon  que les redujera el sueldo, para evitar la quiebra del negocio. Ahí se terminaron los sueños comunistas de Krauze.

Regalar lo ajeno es bien fácil. Y en ese plan andan muchos candidatos.

Por eso hay que  evaluar sus propuestas. Ver su viabilidad y  apoyar al que inspire más confianza.

Lo ideal sería que los candidatos se condujeran con honestidad, que no nos mintieran, pero entonces no serían candidatos. Esto lo vemos en cada proceso  electoral. Como  ofrecen demasiado como candidatos y como  gobernantes no cumplen, eso origina el descontento social. Y lo peor es que para justificar su  fracaso se enredan en explicaciones que no convencen. O lo que es peor, ni siquiera  se justifican, porque se sienten  dioses.