Bienes pùblicos, negocios privados

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Bienes públicos, negocios privados.

Por Oscar Díaz Salazar

Veintidós cuartos con veinticuatro camas formaban parte de un sector del Hospital General de Ciudad Victoria que, durante muchos años, casi desde su construcción a mediados de los años ochenta, se dedicaba a la hospitalización y tratamiento de pacientes de médicos particulares, contratados en forma privada, y por lo tanto ajenos o al margen del servicio ordinario que presta la institución.

Durante muchísimos años las instalaciones del hospital, construido y operado con recursos públicos, de la Secretaria de Salud, fueron utilizados para el ejercicio de la medicina privada. Esta situación fue corregida al cancelar el área de “distinción” como le denominaban a esa ala del Hospital General en la que se internaban los pacientes que pagaban a médicos particulares.

El Doctor Xicotencatl González Uresti, Director del referido hospital, informó sobre la cancelación de este muy lucrativo negocio que implica el usufructo de bienes públicos, en la prestación de servicios contratados a particulares.

Además del uso de las instalaciones públicas, se contaba también con el auxilio de personal de apoyo, de enfermería, de nutriólogos, de laboratorios, de suministro de oxígeno, de limpieza, y de toda la gama de profesionistas y servicios que se requiere para la operación de un hospital.

La fórmula de hacer negocio entre particulares con los bienes públicos, no por vieja, tolerada y frecuente, deja de ser reprobable y perjudicial para las instituciones públicas.

Aunque se tardaron un año los funcionarios hospitalarios del gobierno panista, no deja de ser digno de reconocimiento esta acción de regresar al uso colectivo e institucional, un bien que por años estuvo regenteado por los vivales y mercenarios de la medicina.

Solo con “arreglos” y abusos como los que tuvieron en calidad de privatizado casi todo un piso del Hospital General de Ciudad Victoria, se explica cómo es que se realizan operaciones de todo tipo con médicos particulares, en una ciudad en la que no existen hospitales particulares.

Me reportan que algo similar ocurre con una área del museo Tamux convertida en salón de festejos, parte del complejo donde se ubica el teatro Amalia Castillo Ledón, y los otros hospitales del sector salud y por supuesto el negocio del equipo de futbol Correcaminos.

Algo parecido ocurre con el edificio donde funcionó el hospital civil de Reynosa