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En política no tengo ataduras: Mancera

La Ciudad de México ni se quiebra ni se ahoga. Miguel Ángel Mancera frunce el ceño y advierte que va a entregar una metrópoli que no se manchó de sangre frente a uno de los conflictos sociales más fuertes de la vida moderna de la capital del país: el plantón magisterial en el Zócalo hace cuatro años. Decisión cuyo costo pagó –asegura– con un muy alto porcentaje de rechazo de quienes lo habían elegido, pero de la que no se arrepiente, y con el tono del retintín de la propaganda electoral explica: Esto de la política, no se me da.

El jefe de Gobierno de la Ciudad de México, que en breve iniciará una serie de trabajos orientados a ganarse un lugar en la carrera por la Presidencia de la República, hace un diagnóstico sobre el país: “En este momento se necesita reforzar la conducción económica; necesitamos incentivar más la inversión, la economía interna, ese es el motor, y eso para que no perdamos capitales, para que se invierta mucho más en México.

En seguridad necesitamos construir policía. No tenemos policía construida en el país. Tener un programa para ese efecto, bien específico, bien detallado, presupuestado, porque si no le pones el dinero que requiere, por más que quieras hacer policía no la vas a hacer, y pone de ejemplo la reforma laboral, que no es económicamente sustentable. Ya verás lo que va a pasar con ella.

Le preocupa el campo. Dice que hoy hay una buena oportunidad de voltear hacia él. Explica que en la Ciudad de México se han realizado muchos esfuerzos en ese renglón, pero mira pocos logros, debido al terrible atraso. En algunos lugares de las áreas rurales de la ciudad se siembra y se cosecha igual que hace mucho tiempo, se siembra con la mano; a estas fechas se usa el azadón, se cosecha en costal y se vende a precios de cuando sus papás, sólo con el ánimo de tener para comer. Y habla de la necesidad de poner al campo en sintonía con los tiempos que se viven y proporciona el remedio: valor agregado, la industria de la transformación dentro del campo, eso es lo que necesita México.

No para en las ideas de cambio. Y en lo que respecta al sector petrolero del país, no tengo dudas, se requiere; vendría bien una reingeniería en el ámbito petrolero, hay que hacer adecuaciones.

Hartazgo, si México no cambia

Miguel Ángel Mancera desvía la mirada cuando la pregunta habla del pasado electoral y punza el futuro sin los cambios que él menciona. México puede llegar a un punto de hartazgo. Si volvemos a tener una elección tan dividida, si volvemos a tener resultados tan cercanos los unos a los otros, puede haber consecuencias, puede no ser algo tranquilo como debería ser: transitable. Yo creo que si no se recompone esto, México no va a despegar como debiera y habrá corrupción, violencia y desigualdad.

Antes de iniciar la próxima etapa marcada en su agenda, Mancera deberá rendir cuentas a la Ciudad de México en el informe que ofrece año con año, y al cuestionamiento de por qué perdió una muy buena parte del apoyo con que llegó a la jefatura de Gobierno, explica:

Lo tengo muy claro, 50 por ciento de la gente de la Ciudad de México quería que yo actuara con violencia en el tema de los maestros. Si yo los hubiera desalojado utilizando la fuerza pública ese 50 por ciento de la ciudad, que pertenece a los niveles que más pesan en la opinión pública, hubieran estado de acuerdo conmigo, me hubieran apoyado, pero hubiera tenido en contra al otro 50 por ciento, que es algo que se siente más, que está en las calles.

Mancera se la jugó y por encima de los prejuicios políticos tomó la decisión que comprometía su popularidad. “No ha sido fácil; ha sido algo muy complicado. El de los maestros es uno de los pasajes más difíciles en la gobernabilidad de la Ciudad de México. La reforma estructural educativa trajo como consecuencia un malestar social de muy alto nivel en el gremio de los profesores, y afortunadamente no hay nadie que después de un conflicto en el que había más de 30 mil maestros de manera permanente, beligerante, molestos, enojados, armados en algunas ocasiones con palos, piedras y hasta un arma de fuego, que salió a relucir alguna vez, no hay nadie que me pueda decir que herimos, que ensangrentamos y mucho menos que privamos de la vida a alguno de ellos.

Yo no sé de la historia antigua de la Ciudad de México, pero de la historia moderna me parece que ha sido el conflicto social más fuerte que ha vivido esta ciudad, descontando eventos trágicos, como el del 68 o el del 70, pero esto de los maestros fue una presión muy fuerte y no terminó como aquellos, con sangre. Hubo que aguantar una gran presión social. Había una sociedad dividida. Una mitad que nos exigía actuar con mano muy dura, hacer uso de la fuerza pública, y otra mitad que nos exigía el diálogo, mesura. Al final este es el balance, y es un balance que no mancha de sangre a la Ciudad de México en mi gobierno. Eso me parece importante.

Y sigue en la reflexión. El Hoy no circula, otro dardo contra la popularidad. “Yo no creo que hubiera un solo conductor que se sintiera halagado porque no lo dejé circular. Generé una masa de opinión donde las mujeres tienen muchísimo peso. Eran mujeres a las que no se les dejaba circular para llevar a sus hijos a la escuela. Una sola de esas mujeres te genera opinión en todo el entorno de la familia. Eso fue muy fuerte, pero lo que yo explicaba era un tema de salud. Lo tenía que hacer, no había opción.

“Lo otro hubiera sido salir de manera política y haber negado la realidad, decir que el problema no era cierto, que yo no lo implementaría, que yo no lo haría, y quizá la gente me lo hubiera aplaudido, pero no sé como estaríamos hoy. No sé si hubiéramos podido con las medidas internacionales, no sé qué estarían diciendo los científicos de mi actuación, no sé si tendríamos a alguien enfermo, y con uno solo bastaría para que se me calificara de un jefe de Gobierno que no tomó las medidas que debería. El gobierno federal, sin duda, nos hubiera señalado como irresponsables.

“Así, volver a implementar el Hoy no circula fue una de las cosas que más daño me hizo. Creo que fue cuando mi mamá alcanzó los niveles de popularidad más altos de su historia. Se acordaron de ella un día sí y otro también. Yo bajé en las encuestas, pero se tenía que hacer. Recibí una ciudad con arriba de 180 puntos de contaminación y hoy no pasa de 150.”

No voy a dejar de apoyar al PRD

Y en eso de estar pagando facturas, la pregunta va por el lado del partido que lo lanzó como candidato a la jefatura de Gobierno. “¿No está pagando un precio muy alto por lo que sucede en el PRD?

“Nunca voy a hablar mal del PRD en ningún contexto, bajo ninguna circunstancia, porque fue el que me apoyó junto con el PT y Movimiento Ciudadano. Yo creo que hay mucho que hacer todavía con el PRD. Yo creo que el PRD puede depurarse, puede hacer un planteamiento político inteligente que la gente aplauda, hacer un planteamiento de cambio de fondo, y puede ser esa fuerza política que la gente siga. No voy a dejar de apoyarlo. Soy un ciudadano, no soy político, porque voy a los hechos no a la política.

“No soy político, soy ciudadano, nunca me he afiliado al PRD. El otro día me gritonearon algunos perredistas, no querían que hablara, empezaron a pegar de gritos porque no soy militante. No soy militante, pero he defendido más al PRD que muchos que sí militan y que le han dado la espalda y lo traicionan. Entonces, nunca me van a callar con esas manifestaciones o esos chantajes.

Yo tengo una convicción y claro que puedo ser candidato independiente en una visión de futuro. Claro que la gente me puede identificar y puede estar segura que tengo independencia, y así me he conducido, pero no niego las lealtades políticas a quien fue generoso, es un principio básico.

Ya es tarde, la noche empieza en el Centro Histórico de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera se ve relajado, en mangas de camisa. Nos invita a la azotea de edificio de gobierno para mirar la iluminación del Zócalo, toma su saco, emprende el camino y pone límites, no veo que podamos trabajar con el PRI y lanza una mirada hacia Palacio Nacional, para luego reconfirmar: Eso de la política, no se me da.

 

Miguel Ángel Velázquez

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