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Con Café y a Media Luz | Malentendidos, moditos y floreros

Agustín Jiménez.

Los niños – y algunos adultos – utilizamos un refrán un tanto jocoso para referirnos a aquel personaje que más que abonar a la solución de un asunto, entorpece con su postura, la posibilidad de hallar la respuesta satisfactoria al mismo. Cuando la cuestión se agrava, en un tono de fastidio y con un sabor a desesperación, uno de los involucrados exclama “Ni picha, ni cacha, ni deja batear”, haciendo una analogía beisbolística a la poca participación del señalado.

Supongo que eso mismo fue lo que pensaron los miembros del Consejo Coordinador Empresarial, el Consejo Mexicano de Negocios y la Confederación Patronal de la República Mexicana, después de que escucharon las declaraciones del presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador en la conferencia mañanera del lunes, cuando un reportero hizo una pregunta a este respecto.

Muy a su estilo, el gobernante recalcó su inconformidad por la puerta que se “construyó” el sector empresarial para salir del “atolladero” crediticio y fiscal en el que él los había colocado a través de dos estrategias implementadas en el marco de la pandemia en México del Covid– 19 y que ya hemos hablado de ellas en dos ocasiones. La primera es la suspensión de labores con goce de sueldo y el cierre de los establecimientos de actividad no esencial y la segunda se trata de negarse al otorgamiento de prórrogas fiscales a las que AMLO ha señalado como neoliberales.

“No me gusta mucho ese modito de ponerse de acuerdo y que nos quieran imponer sus planes”, sostuvo el tabasqueño mientras que apretaba uno de sus puños y, más adelante lanzó un cuestionamiento retador que no hacía referencia a lo que pudiera interpretarse como una ilegalidad proveniente de la iniciativa privada sino, por el contrario, a un acto de insubordinación a lo que ya había dispuesto el representante del poder ejecutivo de la nación, “¡¿Y qué?!, ¡¿Nosotros somos floreros?!”.

hacerse de recursos, sino a lo que pudiera interpretarse como un acto de irreverencia. “¿Cómo que se hace un acuerdo y que ahora Hacienda lo avale? … ¿O qué dijeron? ¿Que el gobierno se adhiera a nuestros planes?, ¡Como que es mucha prepotencia!, ¿No?”, remató el tabasqueño.

Lo más curioso es que con unas pocas horas de antelación, el titular de la Secretaría de Hacienda, Arturo Herrera ya había dado su “visto bueno” al acuerdo entre los empresarios y el Banco Interamericano para el Desarrollo para bajar recursos e impulsar a los pequeños y medianos negocios y, como si no fuera poco, la titular del área de Economía, Graciela Márquez, un día antes en plena conferencia vespertina en el salón Tesorería había exaltado la voluntad de las partes en bien de los mexicanos. “La cereza del pastel” fue el comentario del Canciller Marcelo Ebrard – mano derecha de AMLO – quien en sus redes sociales calificó a esta iniciativa como “muy oportuna para proteger nuestra planta productiva y el empleo”.

Seguramente después de lo declarado por el presidente, los funcionarios que “lanzaron las campanas al vuelo” quedaron en un severo entredicho por dos razones: La primera por haber opinado lo contrario al jefe del estado y la segunda que quizá es más grave pues deja entrever una falta de comunicación entre los burócratas y no es la primera vez que ocurre, que nadie le avisó al presidente de qué se trataba el acuerdo y por ello lo sancionó como lo hizo a la mañana siguiente.

Ante el comentario vertido por AMLO, los representantes del sector empresarial manifestaron sus respuestas en un tono considerado, por ejemplo el representante del CMN, Antonio del Valle utilizó frases como “Es un malentendido”, “Lo malinformaron”, “No quedó claro”, en tanto que hubo otros personajes de negocios que fueron más rudos en sus declaraciones que indicaron que el mandatario “no ayuda ni se deja ayudar”, en otras palabras “ni picha, ni cacha, ni deja batear”.

Incluso el propio subgobernador de BANXICO, Jonathan Heat, pidió calma pues señaló a los medios de comunicación que AMLO podría estar tranquilo pues en ningún momento y en ninguna circunstancia se tocaría un peso del erario y, mucho menos, se destinaría a apoyar a la iniciativa privada, a la par que desestimó el supuesto de que esta reasignación de recursos terminará siendo un nuevo FOBAPROA.

Aquí entre nos, le confieso gentil amigo lector, que este servidor no cree en el segundo postulado que le planteé en párrafos anteriores sobre el desconocimiento del ejecutivo ante esta readecuación financiera. Pienso que el presidente López sí estaba informado del acuerdo. Sí sabía en qué consistía. Sí conocía la naturaleza de este y cómo es que se reencausarían los apoyos a los miembros de los organismos empresariales.

Lo que de verdad incomodó al mandatario fue que se llegara a un convenio fuera de las reglas que se habían puesto sobre la mesa, obviando las estrategias que él había planteado y ajeno a las partes dispuestas con anterioridad, incluyéndolo de cierta manera a él.

Desafortunadamente, esta “jugada” hecha por la iniciativa privada para sobrellevar la situación que prevalece y las consecuencias que arrojará, dan pie a pensar que la crisis económica – y de refilón una posible crisis política – es más severa que lo que podemos alcanzar a ver.

Y hasta aquí, pues como decía cierto periodista: “El tiempo apremia y el espacio se agota”.

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