Política

La Comuna

El pegamento para la coalición

José Ángel Solorio Martínez

Bastante pobre, se visualiza el debate interno entre los priismos pro-aliancistas y contra-aliancistas. Precario, en el sentido de que ni uno ni otro bando, maneja una retórica consistente, inteligente y sustancial. Los a favor de la coalición, esgrimen que ir de la mano del PAN por la gubernatura es la búsqueda de piso parejo en el 2022; los en contra, argumentan que no pueden ir en alianza con quien los ha soslayado en otros escenarios y en otras contiendas, al tiempo de recordar que han sido tratados con el Código penal sin olvidar el menosprecio.
¿Acaso, puede alguien ser más superficial que esos priismos?
Nomás para empezar: ¿piso parejo?
En todo caso, esa estrategia debería ser esgrimida por MORENA: el IETAM, opera en su contra; el Tribunal Electoral de Tamaulipas (TRIETAM), colabora con el panismo estatal; les compran diputados locales y la Sala Regional Electoral sigue bajo control azul desde hace décadas.
¿En qué sentido sería el piso parejo?
Como dicen los chavos:
“Nada que ver”.
No se percibe un solo argumento de contundencia.
(Acaso, la explicación más nítida de ese discurso, sea el estipendio por el favor de los pro-aliancistas).
Los priistas que se se mueven en contra de la alianza con el panismo tamaulipeco, parece que poseen más colmillo. Sólo que sus justificaciones para no ir en unidad con los azules, es tan frágil y falta de esencia como la de sus adversarios: “Fuimos tratados con el Código penal.”
¿Fuimos tratados con el Código penal?
Sin duda que así fue.
Pero, ¿en los años de la hegemonía priista, no era habitual el uso de ese mismo Código penal contra los opositores -es decir para aflojar al PAN y al PRD-?..
Nadie me lo contó; lo ví.
En Reynosa, Tamaulipas, decenas de panistas hacinados en una bodega, esperaron que concluyeran los comicios para ser liberados.
En Tampico, el dirigente del PRD en Aldama, Ausencio Lang fue asesinado en el sexenio del priista Eugenio Hernández.
Sin justificar esos métodos anti-políticos, son hechos que no han sido exclusivos del PRI o del PAN. Ha sido una constante en la historia de los gobiernos de Tamaulipas.
Conclusión: uno y otro argumento (de pro-aliancistas y de anti-aliancistas), suenan tan metálicos -o sea: totalmente carentes de principios y de ideologías-, como los tintineos de las monedas que uno y otro priismo exigen como pegamento para dar consistencia a una u otra coalición.

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