Columnas

«Soy petrolero y tengo mucho dinero, ¡vente conmigo!»

MÉXICO BRAVO… Por Alberto Ídem.

La discotheque aquella se llamaba «El Casco» y era una suerte de centro nocturno temático, pero enfocado más a un público joven, como de 40 para abajo, en esos primeros años del actual milenio en que ni siquiera nos imaginábamos, las juventudes de entonces, que no mucho tiempo después, década y media a lo más, se acuñaría el término «chavorruco», en el cual encajaríamos a la perfección los rockeros ya algo trasnochados de aquel entonces. El lugar se hallaba en lo que viene siendo la prolongación del bulevar costero: un libramiento oriente que aún no era bautizado como Luis Donaldo Colosio y que, si acaso, empezaba a ser nombrado «corredor urbano». De hecho, en lo que ahora es llamado también boulevard y con el apelativo del malogrado candidato presidencial priísta, fue grabado con cámara de aquellos años un borrachín medio raro que se hizo famoso en redes por contorsionarse y vociferar, mientras estaba esposado y a resguardo de elementos viales: «¡Diles, Eugenio, diles! ¡Anoche estuve en su rancho!», o algo así.

En fin, el caso es que ahí, en «El Casco Sports Bar» se hallaban en cierta ocasión un amigo de este columnista y una joven a la que acababa de conocer el primero precisamente ahí esa misma noche, y ambos, chavo y chava (aún sin la terminación «rucos»), estaban conversando en pleno flirteo sentados ante la barra de aquella disco. Llevaban ya como una hora y media de intercambiar palabras, teléfonos y bebidas, y ya hasta se habían levantado una vez a bailar pegados, cuando, motivado por los efectos de la cerveza, según refiere mi amigo, éste se paró a decir «con permiso, ahora vuelvo», y se fue directo a hacer lo suyo en el servicio sanitario. «Del uno», dicen los niños chiquitos, o «pipí», pero para los hombres adultos de ese entonces aún estaba de moda el juego de palabras «mi arbolito» (nomás les faltó agregarle la terminación «Mi Alegría», como los juguetes con que hizo felices «Santo Clós» a muchos chavorrucos de hoy en día).

Al regresar de orinar, cosa que no le tomó de tiempo más que lo que se lleva uno en hacerlo, mi amigazo encontró a su acompañante medio espantada. Bastaron unos minutos para que aquel lo notara, así que le preguntó el típico: «¿Está todo bien?», a lo que la joven le respondió: «¿Conoces al viejo ese al que saludaste de lejos antes de que nos levantáramos a bailar…?». Y cuando decía «el viejo ese», la muchacha hablaba de un sujeto gordo de poco pelo, pero rizado, como de unos 40 y tantos por esos años y tez morena, con aspecto casi idéntico al del actor cómico mexicano del cine de «ficheras», Charlie Valentino. «Sí «, contestó mi amigo, «es Esdras Romero Vega… fue regidor del PRD hace dos trienios, cuando gobernaba (en Ciudad Madero) Jorge Sosa Pohl, pero creo que ya se cambió al PRI… ¡ya sabes! Políticos…»

Lo que la damita le explicó al instante a mi buen amigo habría hecho que cualquiera le dijera por lo menos unas frescas al «viejo cochino ese», pero mi camarada asegura que no hubo para él mejor desquite que sonreír como lo haría un elegante caballero inglés mientras ella le contaba lo ocurrido al oído y él miraba de lado al Rodolfo Valentino de pacotilla que estaba ya en ese momento mirándolos cínicamente a ellos dos. «Es que ahorita que te levantaste al baño se me acercó a decirme que si no quería una bebida, y como le dije que ‘no, gracias’, me replicó: ‘¡Deja a ese cabrón y vente conmigo, yo soy petrolero y tengo mucho dinero!’…»

Mi amigo concluye su narración contándome que él le preguntó entonces a quien, pocos días después, llegaría a ser su chica: «¿Y tú qué le dijiste?», a lo que ella contestó tajante: «¡Ay, obvio que no! ¿Nos vamos a otro lugar?», y salieron campantemente de ahí tras pagar su cuenta para seguir disfrutando de la noche a la salud del fallido galán chavorruco de aquella noche, que muy poco tiempo después se convertiría en secretario general de la Sección Uno del Sindicato Petrolero, y luego en diputado local, pero sólo para renunciar y buscar la alcaldía, que consiguió en el año 2013, pero sólo para renunciar e ir tras la diputación federal, que obtuvo finamente en el 2015. «El señor Esdras Romero Vega nos manda su contribución», dijeron al micrófono los músicos que el domingo 11 de agosto organizaron un concierto al aire libre junto a la Plaza de Armas de Tampico, a beneficio de un compañero suyo, de origen cubano, que se accidentó. «Gracias al señor Romero Vega», remató el del micrófono.

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