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Por: Jonathan Ruiz Torre

Es la única vía, pero no hay candidatos visibles para andarla. El único modo de generar empleos y que éstos paguen mejor es por medio de la apuesta de un empresario o del gobierno en nuevos proyectos.

Los empresarios nacionales suelen invertir en comercios, los internacionales, en fábricas; el gobierno, en transporte. Hay un problema: encontrar a cualquiera de ellos que esté invirtiendo fuertemente hoy.

Sumen cuántos proyectos a punto de invertir fueron parados por decisión buena o mala del gobierno: un aeropuerto, licitaciones petroleras, subastas de energías renovables, una línea de transmisión de electricidad desde el Istmo, hoteles en la Ciudad de México… miles de millones de dólares que literalmente iban a mover la economía este año fueron detenidos por la decisión de gobernantes.

Sin filias ni fobias, hay que hacer preguntas prácticas: ¿Qué proyectos van en sentido contrario? ¿Qué gran anuncio de inversión fue hecho recientemente? Lo más notorio es el tren maya. Las reglas para invertir en la primera parte de éste podrían surgir en unas tres semanas, de acuerdo con la expectativa del presidente Andrés Manuel López Obrador. ¿Cuánta inversión puede generar eso en 2019?

Una de las personas más brillantes que pasaron por la subsecretaría de Hacienda en México, recomendó ayer:

“(Deben) reactivar el proceso de inversión que en México ha estado parado en los últimos dos o tres años y se necesita de un proceso mucho más dinámico para generar el crecimiento, generar empleos y generar empleos mejor pagados”, dijo a Bloomberg el mexicano Alejandro Werner, hoy director del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Efectivamente, el problema no es nuevo. La presidencia de Enrique Peña Nieto frenó terriblemente las inversiones de gobierno por decisión de su equipo económico y sus líderes: Luis Videgaray, primero y José Antonio Meade, después. Mal parados nos dejaron con unos cuantos proyectos que el presente gobierno vino a detener.

El miércoles salió el representante de los empresarios del país a decir a AMLO: “Señor presidente, hagamos de la inversión una obsesión. Para que el país crezca al 4 por ciento se necesita una inversión de entre el 25 y el 27 por ciento del PIB. En los últimos años la inversión pública se ha reducido y la privada, aunque ha crecido, no alcanza a compensar la reducción de la pública, de tal forma que no llegamos a los niveles necesarios”, propuso Carlos Salazar, nuevo líder del CCE.

Salazar procede de Monterrey, la única urbe nacional que compite con la CDMX en términos de dimensión de empresas con capacidad de cotizar en mercados internacionales. Hizo su carrera en FEMSA, la dueña de OXXO y distribuidora de Coca Cola y Heineken.

Un 25 por ciento del PIB suma 250 mil millones de dólares. Son 7 mil 812 millones de dólares por estado. Eso equivale a una refinería por cada entidad federativa.

Atención, no conviene levantar expectativas. No confundamos propuesta con promesa. Los empresarios esperaron que el discurso de respuesta ese día por parte de López Obrador ante el CCE diera certeza para los inversionistas nacionales, que como todos, no quieren perder dinero. No hubo mucho más que un abrazo y retórica acaso merecida, contra el ‘neoliberalismo’.

Hay muchos empresarios que hoy son apenas gente motivada, que quizás son jóvenes, no tienen dinero y planean invertir lo que tienen, tiempo, en proyectos. Para ellos, a menos de que sean pobres, no hay planes, desapareció el instituto de desarrollo de emprendedores y ahora reman como casi siempre… por su cuenta.

La semana que entra, el Inegi revelará cifras de inversión durante el primer mes de gobierno de AMLO, diciembre de 2018. Ojalá que nos sorprendan con un imprevisto salto como no se ha visto en años.