LOPEZ OBRADOR Y LOS DEMONIOS REYNOSENSES

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Antes de este jueves pasado, la última vez que yo había visto en Reynosa a Andrés Manuel López Obrador fue allá por noviembre de 2016. Tel vez por haber sido un día extremadamente frio (hubo una temperatura de 4 grados bajo cero); tal vez por la insipiencia del nuevo partido; tal vez por la falta de capacidad organizativa de sus militantes, el evento no tuvo el éxito esperado. Fue un rotundo fracaso. No llegaron arriba de 300 simpatizantes. “Junta más gente un caso de chicharrones que los morenistas” Se escuchó decir a algunos pejefobicos. Este pasado 5 de abril los desafinados mariachis antipejistas… callaron. O, como los amantes despechados, entonaron canciones de profundo duelo y rencor. Porque solamente los amargados, los succionadores de los presupuestos estatal y municipal, los bots y, aisladamente, algún trasnochado comunicador cibernético interpreto la visita de López Obrador con una visión diferente a como el pueblo la vio y la vivió. “Fue un éxito”. “Fue la apoteosis” registrarían las redes sociales. Calcular la asistencia es imposible. Algunos registraron –al menos- 4500 asistentes. Otros 6000. Los más generosos aseguran que hasta 8000. Hayan ido los que hayan sido. Lo importante, lo digno de tomarse en cuenta es que los asistentes no llegaron motivados por la entrega de una despensa o un par de chanclas de color azul. No llegaron presionados por un forzoso pase de lista. No asistieron obligados por ser trabajadores municipales, estatales o de la Comapa. López Obrador no contó con la estructura y el presupuesto del gobierno estatal y municipal. No recibió el apoyo de un ejército de funcionarios que cobran exorbitantes sueldos. No contó con la logística que los organizadores panistas poseen. No regalaron miles de despensas, chanclas y banderolas. No llego en 20 camionetas blindadas a un evento realizado a puerta cerrada y mucho menos protegido por un chaleco antibalas. Llego como suele llegar siempre. Simple y sencillo como es. Caminando entre la multitud. Tomándose selfies con quien se lo pedía. Abrazando niños y besando mujeres jóvenes y ancianas. En un lugar donde todos los asistentes estaban con temor a él se le veía como si anduviera paseando por la alameda. Firme y seguro. Bien y de buenas. Demostrando su liderazgo y porque es el hombre que marca la agenda de la vida política mexicana. A diferencia de sus adversarios políticos que no conmueven ni a su propia familia, la multitud –los que hayan sido- estuvieron totalmente prendidos desde el inicio de su presentación. Su visita se convirtió en una verbena popular. Aquello, como me dijo uno de los asistentes, “fue la apoteosis” Su discurso fue un breve seminario de la historia de México y de Tamaulipas y un firme rechazo a la incitación a la barbarie del presidente Donald Trump. En resumen, López Obrador llego, vio, y descontó a Ricardo Anaya y al panismo reynosense en su propia casa. Ojala se den cuenta los azules que para emparejar el score deben cambiar de estrategias. No se pueden ganar todas las batallas utilizando las mismas armas de siempre.

 

 

 

 

Joaquín Olea