CON OLOR A CAMBIO DE REGIMEN

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La batalla empieza a avanzar. Lo de menos son las elecciones, lo de menos son las traiciones, lo de menos es el acomodo natural entre lo viejo y lo nuevo, porque lo más importante y evidente es que todo huele a poder.

La naturaleza ha decidido no darnos tregua y se ha sumado al cambio de régimen por medio de los sismos. Y es que, si bien antes teníamos un temblor fuerte cada 32 años, ahora al parecer bastan unos cuantos meses o inclusive días para volver a vivir un fuerte estremecimiento.

Eso es respecto al cambio de régimen de los sismos, que es comparable al cambio de régimen político que se está produciendo en el país.

Olvídese de las golondrinas, por todos aquellos que se van de un lugar a otro, y mejor piense en un barco a la deriva, que es el Estado mexicano, en medio de una gran tormenta donde la carga muerta, que es la mayoría del voto, puede desestabilizarlo e irse a la derecha o a la izquierda, aunque en este caso parece que el efecto aluvión sólo lo está sufriendo Morena y nadie más.

Los escenarios se van multiplicando y las encuestas también, pero no mal gastaré mi tiempo en interpretarlas, porque al final con todos los meses que quedan hasta el día de la elección, las encuestas terminan siendo como un espejo en el que a veces uno se ve repulsivo, y otras veces espectacular.

Ése es el efecto placebo que generan las encuestas en los candidatos. Pero la encuesta en la que de verdad creo es la que determina a qué huelen las calles. Porque además de oler a basura, ya huelen a cambio de régimen, a un cambio profundo de abajo hacia arriba como yo al menos no había percibido desde el año 2000. Aunque aquella ocasión la experiencia acabó mal, nuestro entonces presidente electo dijo “no les fallaré” y nos falló.

Pero la lección es clara, los pueblos no se equivocan aunque se equivoquen, y si ahora han decidido que el efecto aluvión se produzca, ése fenómeno va a ser muy difícil de controlar.

El problema es saber qué hacer con toda esa fuerza y quién está preparado para ello, el problema es que se está empezando a cumplir ese viejo principio de que cuando tienes el viento en las velas no importa lo que hagas, porque la gente te seguirá apoyando como si fueras puro y como si no cometieras errores.

Mientras tanto en la otra esquina del ring, todo se suma para que ocurran desgracias, inclusive hasta cuando las autoridades se la juegan para tratar de ayudar, como ocurrió la noche del pasado viernes donde todo terminó en una tragedia en la que si bien el sismo no mató a las personas, sí lo hizo el intento de ayudarlas.

Es digno de resaltar los riesgos que corren y las catástrofes que nos acechan, aunque muchas veces sólo cuentan en una parte del marcador.