GUERRA INTESTINA EN EL PRI; CRONICA DE UN QUIEBRE ANUNCIADO

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Existe una guerra interna para quedarse con el control del PRI y manejar la candidatura a favor (o en detrimento) de Meade. El candidato promete, pues se le ve preparado, empático y honesto –entre otras cualidades- (SIC), además, rompe los paradigmas del PRI al no estar afiliado al mismo y al haber trabajado en administraciones de diferentes tintes e ideologías.

Pero de ahí a romper el hielo de la guerra fría entre Salinas y Zedillo… En realidad su candidatura vuelve a mostrar los odios entre estos personajes y sus respectivos equipos; si bien es cierto que en los dos bandos hay individuos que son catalogados como “miembros” de ambos lados o, bien, aquellos que pueden trabajar de un lado y del otro, obviando o desconociendo sus orígenes y razones.

Ésta no es una guerra fraterna, ni siquiera ideológica. Inicia con el odio acérrimo entre CSG y EZPL, grandes estadistas y rencorosos memoriosos. Ese odio, hoy sólo se recuerda como el inicio para buscar el poder absoluto tanto en el Revolucionario Institucional como en la campaña y en decisiones del hoy precandidato. Es cierto, existen otros personajes en este juego. Slim, Azcárraga, Salinas-Pliego, así como grandes capitales y miembros del sistema como es el imprescindible Manlio. Cada uno con su juego particular. Porque el odio mencionado también atraviesa contratos, negocios: todo lo que uno gana y el otro deja de ganar. En la política, como en el juego de la pirinola, no todos ganan.

El problema de las guerras intestinas es que han salido del ámbito donde se desarrollan.

Están ocupando una dimensión que antes no tenían, al utilizar los medios para distorsionar la información y querer dictar la agenda política del país. El uso de las “fake news” ha traspasado fronteras. Se puede pensar que hace 23 años sí se utilizaba a los medios, pero no cómo hoy en día, por la inmediatez de las redes sociales, lo cual incluye el uso indiscriminado de verdaderos ejércitos para apoyar tal o cual posición.

Los bandos de esta guerra intestina siguen considerando que el nombrar el candidato es sinónimo de nombrar al siguiente presidente. No es así. Hoy, Meade no requiere componendas debajo de la mesa, requiere un partido unido y sólido que le apoye en el enfrentamiento que tendrá con un crecido AMLO (candidato por 18 años) y con dos candidatos que le quitarán votos: Bronco/Margarita y quien resulte del Frente.

Así, la raíz del problema reside en que quien eligió a Meade sigue indeciso en el fondo, igual que vacilante actúa el partido que lo cobija. El abrazo en la presentación fue más que cálido, pero la llamada de atención a Videgaray días antes, por mencionar tan solo un caso, metió incertidumbre y ruido en un proceso que no debería tenerlo.

Todo esto oxigena el viejo rescoldo de rencores enraizados en el PRI, los cuales se reflejan en los apoyos para que Claudia Ruiz-M sea la presidenta del partido, mientras que Videgaray sigue apuntalando a Enrique Ochoa en dicho puesto. Un tercero en discordia menciona a Chong, para evitar mayores rupturas internas. Meade ante la presión, sólo dijo que se lleva muy bien con Enrique Ochoa… Todo lo anterior sin mencionar la posibilidad de que Aurelio Nuño pase a ser su coordinador de campaña…

A la par, el PRI ya contrató a Cambridge Analytica, y el enlace para lograr dicho acuerdo salió de la familia Salinas, pero no fue Claudia quien logró el contrato ni presentó a dicha firma. ¿Este es el negocio que reinició las hostilidades? ¿Qué empresarios de qué grupos se vieron ganadores con esta decisión?

En el caso de Chong (y el grupo detrás de él), no puede ni él ni Meade solucionar guerras intestinas con una comida informal y una Corona. En realidad, dicha comida es sólo un señuelo, un distractor de un plan mucho más grande que se cuece en otras cocinas para quedarse con el partido y con el poder. Nótese que, a la par y casi al mismo tiempo, se reunen Beltrones y Nuño para cerrar ¿por otro lado y con otra pinza?

Si todos estos actores logran mostrar una unión (aunque no exista), entonces quizá el partido podrá resistir las amenazas de la oposición. Lo cual puede conducir, a través de esta jugada de dos bandas, a que los panistas (sí, los panistas) insatisfechos con su partido se sumen a Meade.

Pero la pregunta persiste ¿Quién se queda con el partido? Eso está por verse, Videgaray si logra los amarres adecuados. El desafío, es que dichos amarres, no serán solo al interior del partido, deberán ser además en el ámbito empresarial central y federal. Muchas fuerzas externas.

¿Cuáles son esas fuerzas externas? Grandes consorcios (sí, las televisoras, otros medios de comunicación, etc.) El poder real que tienen los miembros de otros partidos y un elemento que afecta tanto al PRI como a las demás fuerzas ideológicas: el narcotráfico en nuestro país.

La batalla inicial la hemos visto estos días. El domingo Meade jurará en las oficinas del PRIcámbrico como precandidato y será una de las primeras señales para saber quién está quedándose con el partido y en una de esas, también con el candidato.

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