EL REGRESO DEL SARAMPION

El regreso del sarampión
Blanca Estela Lemus Ruiz*
E

n años recientes se ha presentado un incremento de casos de sarampión en algunos países europeos, principalmente Italia y Rumania, así como en Estados Unidos. El sarampión es una enfermedad infecciosa altamente contagiosa, cuyo cuadro clínico puede ser de leve a muy grave, con complicaciones como ceguera, sordera, meningoencefalitis e incluso la muerte.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta sobre el riesgo de que de no mantener 95 por ciento de cobertura de vacunación en la población se incrementarán los casos, y se extenderán a todo el mundo. Los patrones de viaje de hoy en día no ponen a ninguna persona o país fuera del alcance del virus del sarampión. Los brotes seguirán en Europa, como en otros lugares, hasta que cada país alcance el nivel de inmunización necesario para proteger plenamente a sus poblaciones, aseguró la directora regional de la OMS en Europa.

América Latina fue declarada la primera región en el mundo libre del sarampión en 2002. Los criterios para declarar una enfermedad erradicada es que no se presenten casos en los últimos tres años. ¿Cómo se alcanzó esta meta? Mediante la cobertura de vacunación nacional, seguimiento epidemiológico y control de casos aislados aplicados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) incluyendo por supuesto a México.

La causa principal del repunte del sarampión en el mundo desarrollado es una creciente moda de no vacunar, alimentada por argumentos que van en contra de todo lo que la ciencia afirma. En el caso específico del sarampión, una importante contribución a esta negativa a vacunar a los niños surge con la publicación del artículo publicado en The Lancet, revista científica inglesa muy prestigiada. En 1998, Andrew Wakefield afirmó haber encontrado relación entre una forma de enfermedad intestinal, el autismo y la vacuna triple vírica (sarampión, rubeola y parotiditis). El artículo provocó un gran estado de alarma social y desafortunadamente encontró eco en numerosos medios de comunicación, que lo siguen repitiendo hasta el cansancio.

La cuestión es que Wakefield realizó su estudio clínico con solamente 12 casos, sin apegarse a la aprobación del comité de ética del hospital, y aún más, se encontró que estuvo contratado por un abogado que preparaba un caso millonario contra los fabricantes de la vacuna. El susodicho investigador, quien se embolsó una importante cantidad de libras, manipuló a conveniencia los datos y sometió a los niños a procedimientos inaceptables desde el punto de vista ético. Más tarde, ante las evidencias de que el artículo era un fraude, The Lancet retiró el artículo y publicó una disculpa, diciendo que lamentaba las consecuencias provocadas en la salud pública y pidiendo se deseche la creencia difundida acerca del peligro de la vacuna triple. Al creador de este desastre se le retiró la licencia para ejercer su profesión. El daño, sin embargo, ya estaba hecho.

Personajes como Robert de Niro, reconocido actor, quien tiene un hijo autista, encabezan una campaña contra la vacunación en Estados Unidos, donde 28 estados otorgan la exención de la obligación de vacunar a los niños por razones religiosas, filósóficas o de otra índole personal, todo ello alimentado por la desinformación y mentiras ya descritas.

Ante estas condiciones, la consecuencia positiva es que la vacuna triple vírica es una de las más estudiadas, sin que se haya encontrado nunca ningún atisbo de que pueda causar efectos secundarios graves. Un ejemplo es el estudio publicado en 2015 en la revista médica JAMA de Estados Unidos, con una muestra de más de 95 mil niños, que descarta cualquier asociación con el autismo. (Autism Occurrence by MMR Vaccine Status Among US Children With Older Siblings With and Without Autism. Anjali Jain, MD1; Jaclyn Marshall, MS1 Ami Buikema MPH et al.)

En México se han presentado algunos casos recientes de sarampión importados, es decir, que los enfermos llegaron de otro país ya contagiados. Sin embargo, la Secretaría de Salud lanzó un llamado a mantener las campañas de vacunación, en alerta por los casos llegados de California, EU, y de Europa. La cobertura debe estar entre 90 y 95 por ciento de la población vacunada, para evitar que regrese el sarampión, y el mundo tenga una epidemia de alcances incalculables.

(*) Médico cirujano y doctora en ciencias del medio ambiente del trabajo. UAM. Autora, junto con David Barkin, de Local Solutions for Environmental Justice y Rethinking the Social and Solidarity Society in Light of Community Practice