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LAS MAFIAS DE LOS PARTIDOS Y LAS CANDIDATURAS INDEPENDIENTES

Por: Mauricio Fernández Díaz
En Tamaulipas recordamos con indignación como en el sexenio de Tomás Yarrington pero más violentamente en elde Eugenio Hernández, siendo Ricardo Gamundi Presidente del PRI estatal los comicios efectuados durante esta administración estuvieron bañados en sangre tanto de adversarios políticos como hasta de sus propios correligionarios.

El registro de candidatos independientes, en especial el de Diana Chavira Martínez en el distrito I de Nuevo Laredo ha causado una serie de reacciones que van desde el aplauso hasta la intención de desvirtuar mediante ataques con argumentos absurdos ese fenómeno que esta apanicando a los partidos políticos.

No es para menos; las prebendas y jugosos negocios que se realizan a través de estas franquicias de poder generan para sus dueños y beneficiarios miles de millones en efectivo así como parcelas de poder para realizar negocios utilizando al gobierno tanto federal como estatal como gerencias desde donde realizan compras y ventas, obtienen millonarias obras que “ganan” a través de licitaciones amañadas a través de constructoras cuyos dueños son precisamente beneficiarios de estos partidos.

Con el tiempo, estos organismos que se mantienen con recursos públicos y que deberían servir para defender al pueblo, exigir a los gobernantes honestidad, transparencia y resultados, han devenido en mafias comparables al crimen organizado.

Los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) se han convertido en verdugos del pueblo al actuar bajo consignas políticas del Presidente o Gobernador en turno, dejando en la más completa indefensión al ciudadano común quien esta inerme ante un sistema organizado para explotarlo, exprimirlo y reprimirlo.

En el colmo de la ambición por enriquecerse, de la desesperación por mantenerse en el poder, los partidos a través de sus representantes en el gobierno han llegado a un punto sin retorno; aliarse con los carteles de las drogas convirtiéndose en cómplices y verdugos de sus gobernados al solapar secuestros, extorsiones y hasta ejecuciones políticas.

En Tamaulipas recordamos con indignación como en el sexenio de Tomás Yarrington pero más violentamente en el Eugenio Hernández, siendo Ricardo Gamundi Presidente del PRI estatal los comicios efectuados durante esta administración estuvieron bañados en sangre de adversarios políticos y hasta de sus propios correligionarios.

La intimidación a través de secuestros, encarcelamientos y ejecuciones fueron la estrategia utilizada por el PRI para ganar las elecciones. El famoso “Carro completo” de Gamundi.

El gobierno, amafiado con el PRI y los carteles hizo su labor; impedir por medio del pánico que los electores salieran a votar, ya que es conocido que cuando la gente se vuelca a las urnas, el PRI pierde.

Hoy, el descredito de los partidos es solo comparable con el de los políticos emanados de ellos.

La ciudadanía los vomita, los ve con desconfianza y los califica como corruptos.

Las candidaturas ciudadanas son una opción, una sana alternativa para ese monopolio de poder, ese secuestro de la democracia que son los partidos y sus negociaciones con los carteles.

Por elemental lógica, el gobierno y su brazo político tratará de frenar por instinto de supervivencia cualquier intento de los candidatos independientes por acceder a un puesto de representación popular llevando como único compromiso el servir a quienes lo llevaron a ocupar ese cargo, caso contrario a los candidatos impulsados por los partidos, que sienten compromiso no con los electores, sino con la cúpula que le dio oportunidad de llegar a ese codiciado lugar.

Mencionamos a Diana Chavira por ser la candidata que más posibilidades tienen en estos momentos de hacer historia en Nuevo Laredo; Diana cuenta con la organización, la capacidad y los recursos como para triplicar esas 10 mil firmas que tiene ya en su cuenta, lo que podríamos considerar su “voto duro”.

La ex diputada que hizo desesperar a Gamundi cuando era diputada local, esa que tiene el récord de mayores participaciones en tribuna presentando iniciativas y rechazando las antipopulares propuestas presentadas por el “negro” Gamundi y sus subalternos es una opción real para los votantes neolaredenses. Hastiada la sociedad de las porquerías de los partidos, esta candidatura les da la oportunidad de decir ¡BASTA! Y mandar un enérgico mensaje de rechazo al crimen político organizado en que se han convertido estos institutos políticos.

Un triunfo de Diana Chavira abriria la puerta a la participación de cientos de ciudadanos que pueden ser en un futuro próximo candidatos a presidentes, diputados, regidores independientes; seria sin duda un detonante, un grito de ¡SI SE PUEDE!

Porque…¿A quién tendría que rendir cuentas Diana Chavira en caso de ganar? ¿Cuál sería su fuerza, su sostén, su pilar de apoyo? Solo a los ciudadanos, a la sociedad civil que la lleve a representarlos. A nadie más.

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