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Ejército ciudadano

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Por Lydia Cacho

Una mujer de Michoacán que perdió a su hijo adolescente en una masacre me asegura que buena parte de la sociedad de su estado está emocionada por lo que ha sucedido en los últimos días: las autodefensas encabezaron la liberación del territorio tomado por Los Caballeros Templarios.

La Iglesia, que desde hace tiempo ha dicho que sabe dónde están y quiénes son los líderes asesinos, apoyó las pesquisas e impidió que el montaje de la Secretaría de Gobernación (Segob) volviera a engañar a la prensa y sociedad con mentiras de detenciones de los líderes mafiosos.

El Ejército Mexicano y la Policía Federal llegaron detrás de ellos: la inteligencia la hizo la sociedad civil, nadie puede negarlo.

Para quienes viven en Michoacán, Fausto Vallejo ha sido un gobernador fantasma. Ya se sabía que estaba enfermo antes de lanzarse a la candidatura, las fotografías de su rostro demacrado lo revelan.

Son muy serias las implicaciones de que un hombre con la gravedad de su padecimiento insista en candidatearse a sabiendas de que no gobernará, todo por mantener el bastión electoral para su Presidente.

Sin embargo, hace rato que la sociedad michoacana supo que con o sin gobernador, el territorio ya estaba en manos de un cártel. De allí que las autodefensas lograran no solamente el respaldo, sino el agradecimiento social de empresarios desgastados por las extorsiones millonarias, rancheros que han perdido sus tierras arrebatadas por Los Templarios; niñas y mujeres raptadas para la explotación en redes de prostitución forzada desde el Estado de México hasta Colima, pasando por Michoacán. Padres y madres que han perdido a sus hijos adolescentes llevados por los narcos como “mulas”, “burros”, matones, “halcones”, “perros”, narcomenudistas, escudos y sicarios desechables.

Más allá de la sin duda necesaria discusión especializada sobre las autodefensas rurales y los grupos civiles armados no indígenas, está claro que en Michoacán presenciamos un fenómeno excepcional: la sociedad civil se armó de fuerza para defender a su estado.

Tomó las armas ante la demostrada incapacidad del ejército, de la policía municipal y federal, ante la connivencia del gobernador y su gabinete, ante la corrupción moral de una buena parte de los alcaldes vendidos o sometidos al cártel de Los Caballeros Templarios.

Valientes como el cura de Apatzingán Gregorio López, han declarado lo que el gobierno federal se ha dedicado a negar durante un año: que el bastión templario fue la prueba de que los líderes Nazario Moreno y Servando Gómez Martínez, La Tuta, llevaron a cabo como modelo para expandir su estrategia por todo Michoacán.

Allí están los testimonios del sacerdote y los locales: a los limoneros les cobran 15 millones de pesos como impuesto. A los pequeños negocios les ordenaron cerrar si no pagaban sus cuotas. Un propietario de farmacia se atrevió a abrir y, tal como le advirtieron, la incendiaron frente a la cercanía de los policías.

El sacerdote ha declarado ante cámaras cómo confrontó a los federales señalando a los sicarios: “Miren, allí están”. Y los policías respondieron: “No tenemos órdenes”.

El “padre Goyo”, como le dice la gente, está en grave peligro, pues ha señalado que están vivos los “muertos” del ex secretario de Seguridad Pública federal Genaro García Luna. Dijo dónde están los sicarios, cómo operan los vigías, cómo y quiénes se disfrazan de periodistas para pararse frente a los militares, quienes como principiantes no tienen fotografías de los más reconocidos templarios que caminan descubiertos en público. Sufrió un atentado, pero sigue hablando.

No es, como algunos dicen en redes sociales, una guerra civil; lo que sucede en Michoacán es la muestra de una incipiente independencia del Estado.

Sí, la sociedad civil ha dejado de respetar, de esperar y depender de las acciones del Estado. Se reconoció secuestrada por la parálisis de Vallejo, por la connivencia criminal de la policía, por las alianzas criminales de los miembros del ejército en Apatzingán con los templarios. Hastiados por la obcecada necedad de Enrique Peña Nieto de sacrificar a Michoacán mientras hacía su tour de la fama por el mundo.

Algunos medios nacionales y michoacanos seguirán dando noticias ficticias en forma de comunicado de prensa de la Segob, mostrando a la autoridad como libertadora de la zona. Pero la sociedad y los medios libres se encargarán de mostrar la realidad.

Las consecuencias de la efectividad de esta acción social darán un golpe de timón a México. El Estado fallido ya tiene un botón de muestra con toda la evidencia para hacer historia. ¿Qué sigue ahora? ¿Veremos la magnitud real de la población pro-templarios que amenaza, ahora sí, con una venganza nunca vista?

Twitter: @lydiacachosi

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