APRENDER A MORIR

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Aprender a Morir

Los demasiados descuidos

Hernán González G.
En democracias artificiosas como la nuestra el compromiso con la claridad de pensamiento cede su sitio a la palabrería hueca, a la verborrea de concurso de oratoria y a un discurso político alejado, por lo menos, de la realidad que dice inspirarlo. La palabra lúcida es secuestrada entonces por leyes no escritas, la mediocridad, los medios y la mercadotecnia, a la vez que sistemáticamente rehúye encarar los hechos con madurez.

 

Brotan ejemplos cotidianos junto con las funestas consecuencias de tamaños lastres, desde legiones de ciudadanos desaparecidos hasta socavones advertidos, pasando por la pésima señalización y estado de vialidades, segundos pisos y carreteras. Esta falta de respeto por la palabra limita el pensamiento, la personalidad y la acción en nuestra alegre clase política. Los optimistas se consuelan diciendo que lo mismo sucede en el resto del mundo, o sea: Mal globalizado, consuelo de tontos.

Con motivo del Día Mundial de la Población, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, señaló, por fin, el descuido de los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón en las políticas públicas relacionadas con la planificación familiar y la salud sexual y reproductiva.

Es decir, 12 largos años en los que dos mandatarios de derecha impusieron sus personales creencias religiosas y criterios morales, lo que derivó en alta incidencia de embarazos entre la población joven del país. De acuerdo: ¿y los reiterados descuidos a cargo de gobiernos federales antes y después de la bochornosa transición democrática?

Descuidos gravísimos como la negligencia o abierta complicidad de varias secretarías (Gobernación, Educación y Salud) y legisladores de pacotilla con la basura emitida por televisión y radio (violencia, superficialidad, vulgaridad, precocidad artificial, la droga como moda, lenguaje e ideología), como eficaces saboteadores de los fallidos intentos familiares y escolares por transmitir valores.

A partir de los otros valores que transmiten a diario los medios electrónicos, la deformada juventud maneja la sexualidad también como forma de apropiación del otro: si me quiere, accede; si me embarazo, lo retengo; si me niego, me deja, etcétera. Irresponsabilidad de la derecha, desde luego, pero además del centro y de la izquierda, sordos todos ante la suerte de nuestros jóvenes, mediáticamente abusados y manipulados.

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